Grecia y más que Grecia, están en problema la Unión Europea, el Banco Central Europeo, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, por su situación político, económica y social: el actual gobierno de Alexis Tsipras arribó al poder por una coalición de las Izquierdas y prometió a sus electores y a la mayoría que lo llevó al triunfo, que NO ACEPTARÍA LAS MEDIDAS FINANCIERAS – Y ADMINISTRATIVAS DE LA LLAMADA TROIKA – BCE, FMI Y BM – y que propondría las condiciones que respetarán la soberanía griega.
Ese discurso no ha podido cumplirlo: debió doblar sus manitas para estar en condiciones de recibir un urgente préstamo para pagar intereses de su altísima deuda internacional. Pero, con las medidas aplicadas no ha podido – ni podrá – contar con dinero para pagar.
Hasta antes del 30 de abril deberá pagar a sus acreedores 459 millones de euros, que podrían incrementarse a 750 millones en el inminente mayo. El enorme problema es que no tiene dinero, ni tendrá.
La continuación del problema es que los acreedores exigen su pago y la tercera fase de este drama, que puede terminar en tragedia, es la selección de una opción múltiple de resultados imprevistos, pero que tuene escenarios nada recomendables para la Unión Europea.
La primera opción es aceptar prestarle más dinero para que, por lo menos, pague los intereses, que, finalmente, es la función de los bancos e instituciones financieras.
La segunda es aceptar el NO PAGO y esto pondría a temblar a todo el sistema financiero mundial, que podría arrastrar a todos los miembros de la comunidad europea y llevarlos hasta su disolución: la balcanización de la Unión Europea.
La tercera opción es la intervención – parcial o total – financiera y administrativa – algo que de solo pensarlo da miedo, porque casi nunca se ha hecho y ha generado guerras entre países y, particularmente, guerra civil en el país deudor – recuerde la intervención europea que desembocó en la Invasión francesa en nuestro país, hace 150 años -.
La cuarta opción es de restructurar los plazos, aceptar el no pago temporal y fijar otra fecha para el inicio del nuevo programa de pagos.
La llamada Troika deberá pensar muy bien su siguiente movida, porque el gobierno griego, impulsado por su pueblo no aceptará ni la segunda y mucho menos la tercera opción.
Lo más recomendable es, la que no cuesta dinero, restructurar nuevo plan de pagos todos muy contentos.
La Comunidad Europea y el mundo financiero están expectantes por los sucesos: Grecia tiene muy poco espacio de maniobra financiera.






















