Las cuestiones económicas, desde el punto de vista oficial, tiene dos visiones: la macroeconómica y la micro económica y una sola percepción: la del pueblo, la de los consumidores o usuarios de los precios de los productos que se importan, y como casi todo se importa – granos, semillas, carnes, lácteos, refacciones, gasolinas=combustibles, componentes electrónicos, etc., etc. – es la que, finalmente, cuenta.
Desde el punto de vista macroeconómico, se ha logrado que al depreciación cambiaria – de $ 12.50 a 14.60 y hasta 15.20 no haya traspasado los precios; los precios al consumidor no se han contaminado, lo que representa un logro histórico, ya que la inflación se encuentra en el segundo nivel más bajo desde que se consiguió la autonomía del organismo – BANXICO, Banco de México – , en abril de 1994. Todo seto, es según Agustín Cartens Cartens, gracias a la paridad cambiaria flexible.
Para enfrentar la depreciación del peso, la comisión mixta de cambio – hacienda y Banxico – inyectaron liquidez al mercado cambiario y subastan 200 millones de dólares diarios, desde diciembre de 2014 (esta subasta es en caso de que el peso pierda 15% en una sola jornada). De manera adicional se ofrecen 52 millones de dólares los días hábiles, sin importar la cotización.
Lo cierto es que es un juego en el que juagan y ganan los especuladores nacionales e internacionales y quien pierde es el peso y, por lo menos, el 99% de los mexicanos, quienes no jugamos a la Bolsa ni importamos dólares.
Desde el puno de vista microeconómico todo está del nabo y lo que dice el gobernador del Banco de México no se explica cómo tiene sus registros, porque si los costos de todo sube, cómo es posible que no se refleje en las índices inflacionarios, cómo es posible que los compradores no suban los costos si los insumos les cuestan más…las únicas explicaciones son: vivimos una economía surrealista o una economía e inflación de mentiritas.
Ciertamente todo este complejo enredo es para que ganen plusvalía exorbitante los especuladores, a quienes no le importan las naciones ni el color de la piel y sí el olor del dinero y la fragancia de su utilidad.























