De entrada dos de las muchas viejas reglas y normas clásicas de la política de siempre: En política no hay nada nuevo; no se ha descubierto nada innovador y en política todo se vende, la dificultad es saber llegar al precio.

Viene esto al caso por el reciente ofrecimiento de Andrés Manuel López Obrador – candidato del MORENA a la presidencia de la República para el sexenio 1918-1924 y líder de ese mismo partido -, realizadas a la llamada organización de Padres de los 43 alumnos desaparecidos de la escuela normal rural de Ayotzinapa y a los líderes de la Confederación Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero –CETEG.

Específicamente lo expresó así Concederles la capacidad para decidir quienes asuman la Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública del estado de Guerrero, si gana su candidato a la gubernatura Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros.

Y a los maestros, al triunfo de su movimiento, ellos van a decidir quién va a ser el secretario de educación; que ellos propongan.

Amplió: Sólo un procurador propuesto por los padres garantizará que el asunto se esclarezca y que se haga justicia; necesitan, también, un gobernador que exija justicia, que no se vaya a permitir la impunidad y acompañar la investigación con una Comisión de la Verdad con personas de inobjetable honestidad.

Esquematizando el suceso, se da por aceptado que esto es un juego de valores entendidos, prefabricado: Les propondré esto y ustedes deben rechazarlo. ¿De acuerdo?

¿Por qué razón el rechazo? Para que no los vinculen conmigo ni con MORENA y así podrían aceptarlos como movimientos independientes.

Complementariamente, Andrés Manuel descubre una de las armas de la política de siempre: Ofrecer, comprar y chantajear; las leyes de la Oferta y la Demanda en la Política: Todo se vende.

La pregunta sería: ¿por qué lo hace público?

Esto quedará como otra frase célebre: ¡AL DIABLO LAS INSTITUCIONES!