De una manera cíclica, en estos tiempos de modernidad y de inmediatez, se habla de la defensa de los animales, y ahora más por ser tiempos anticipados de campañas políticas y particularmente porque es un sector casi auto apropiado por un partido político – PVEM -, la defensa de los animales – particularmente los que están en cautiverio, en circos, en exhibición o se trabaja con ellos -, ha habido aludes de tinta y cataratas de saliva.

Por considerar su contenido una perspectiva muy sensata, de la columna de Carlos Marín – El Asalto a la Razón –, publicada en MILENIO diario, en su edición del viernes 20 del presente, entresaco la parte siguiente: La titula ¿Adiós a las jaulas? (Se refiere a una carta del lector Alejandro Holguín)…

“No coincido en defender a Sergio Gómez – el pudiente diputado del PAN dueño del zoológico de Tehuacán, hostigado por el PVEM y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente -, puesto que las condiciones en las que tiene a los animales en las jaulas son inadecuadas, ya que no se puede tener a esos animales enjaulados todo el tiempo.

Con la pena, pero ese modo de ver el problema llevaría a la prohibición de que haya pajaritos enjaulados en las casas o, peor: que se impidiera el cautiverio de gallinas en las granjas o de cerdos en los chiqueros y ganado bovino en los corrales y se acabara la producción de leche, carne y huevo.

Dice más: Y de la entrevista que hizo – lunes en MILENIO Tv- al empresario dueño del circo de Pekín, en donde usted defiende que existan circos con animales salvajes, estoy totalmente en contra de los circos con animales, aunque no los maltraten, porque no estoy de acuerdo en que los exploten.

¿Adiós entonces a la avicultura, a la ganadería, la pesca y hasta la recolección de miel…?”

Los defensores de estas causas carecen de sentido común y de sobrevivencia; únicamente para citar un punto: si se prohíben tajantemente el uso de animales – de los llamados salvajes – en un circo, esa actividad recreativa desaparecerá, ¿de qué vivirán esas personas? No son ni tres o cuatro y ahí se generan muchos empleos directos y muchos más indirectos.

Tal parece que a todos estos que se rasgan las vestiduras y se ponen ceniza en la cabeza y en la cabellera están sufren la ausencia del sentido común.