“Las grandes fortunas se hacen cuando las balas del cañón caen en el puerto, no cuando los violines tocan en la sala de baile”, señaló el banquero británico Nathan Rothschield, para quien las circunstancias más impredecibles eran oportunidades, si se era el líder capaz de sacar provecho de ellas.

Hace dos décadas, 90% de los directores generales dejaba su puesto por motivos de salud o por jubilación. En la actualidad, el desarrollo tecnológico y la globalización han impuesto un ritmo vertiginoso, que está sepultando las carreras de muchos CEOs.

Laura Calleros Torre, profesora de Administración y responsable del Centro para Emprendedores de la Universidad Anáhuac, asegura que muchos líderes no han podido responder a la velocidad de los cambios. Una encuesta global de Qlik, firma de inteligencia de negocios, arrojó que la rotación de CEOs en Japón es de 68%. La media global es de 52 por ciento.

La recuperación económica tampoco trae tranquilidad. Un informe de Challenger, Gary &Christmas, empresa de recolocación de ejecutivos, apunta que la salida de la crisis hace que las empresas busquen dirigentes más orientados al crecimiento, para capear un recesión. Por ende, la profesión de CEO es cada vez más inestable y corta.

¿Qué se requiere entonces para capear los cambios? Más allá de las motivaciones personales de los CEOs, una abrumadora mayoría de los directores generales entrevistados por PwC en su 18ª encuesta anual, señala como primera instancia el enfoque estratégico.

“El liderazgo estratégico es aquel capaz de analizar su entorno y decidir qué acciones llevar a cabo para mantener la posición que ha establecido. Tener la capacidad de asignar los recursos para capacitar a su gente e introducir la cultura de colaboración, velocidad, flexibilidad, creatividad que se necesitan en las empresas”, detalla Calleros Torre.