En este momento nuestra sociedad y la opinión pública que se manifiesta, están inmersas, en escenarios de corrupción total, absoluta, cabal, completa, en cualquier de los ángulos de la vida nacional que se vea y se reflexiones; ninguna institución republicana – Federal, estatal, municipal -; ni un sector de la sociedad civil queda limpio.

Lo más grave es que unido, como su hermano siamés, va de la mano con la corrupción y la impunidad. Si se acepta el término, son los Tres Jinetes del Apocalipsis Mexicano. Incredulidad, Corrupción e Impunidad.

Estos tres hermanos han destruido la confianza de la sociedad en las mismas instituciones de gobierno, y de la sociedad, y la credibilidad se ha desplomado hasta niveles del 30%, promedio.

Y esto, para cualquier gobierno, y para cualquier actividad, es bastante grave. Maquiavelo recomienda-afirma: que ningún gobierno puede triunfar si no tiene el respaldo de la sociedad.

Por muchas razones más, el secretario de Hacienda – Luis de Videgaray – afirma:

“El ambicioso programa de reformas de México no servirá de mucho, si el presidente Enrique Peña Nieto, teñido de escándalos, fracasa en la reconstrucción de la destruida confianza pública…No solo se trata de reformar, reformar, reformar…necesitamos abordar lo que realmente importa a la sociedad mexicana, que es no solo la corrupción y la transparencia. Va más lejos: tiene que ver con la confianza…podríamos llevar a cabo diez reformas energéticas, pero si no le sumamos la confianza, no abarcaremos todo el potencial de la economía mexicana”…Necesitamos hacernos responsables de lo que hemos hecho y asumir nuestros retos.

El diagnóstico del secretario de Hacienda implica un cambio relevante en el énfasis de un gobierno que se ha visto muy lento en darse cuenta de que el sentimiento del pueblo se ha opuesto en su contra: Las encuestas de aprobación de Peña Nieto son las más bajas de cualquier jefe de Estado mexicano, en veinte años.

Los hombres de la administración pública – Federal, estatal y municipal – no deben olvidar a EL PRÍNCIPE, de Nicolás Maquiavelo, y tenerlo de cabecera sería de mucha utilidad, porque en realidad SÍ URGE RECONSTRUIR, RECUPERAR Y CONSOLIDAR LA CONFIANZA DE LA SOCIEDAD EN LAS INSTITUCIONES, Y EN LOS HOMBRES QUE LAS REPRESENTAN.