Existen indicios indicadores, muestras, ejemplos de que nuestra sociedad está en crisis, pero no es crisis de desarrollo como casi siempre sucede. No, esta crisis es una situación bastante delicada que nos conduce hacia la decadencia, hacia la degeneración de nuestros valores, rumbo a la devaluación de la convivencia social y la depreciación de la misma sociedad.
Desde hace una media generación hacia atrás – quince años, el inicio de este siglo, de este milenio, más o menos, la juventud nuestra – y la de buena parte de los países económicamente más poderosos del mundo y de las naciones emergentes – era manipulada por todas las agencias educadoras del negocio del espectáculo – cine y televisión principalmente, pero presentes, las revistas, periódicos y el teatro – hacia los modelos consumistas de drogas, pasando por la mariguana, la heroína, la morfina, el crack, cristal y los derivados de los o las metanfetaminas y nuestra juventud, la que trabaja y la que está en aula, fueron cercadas, asediadas por los narcotraficantes, por medio de los de más baja situación comercial: menuderos. Lograron que nuestro país, de simple puente-burro en el trasiego de los narcóticos se convirtiera en productor, comercializador, consumidor, distribuidor y empresario, partiendo desde la base: los jóvenes.
México rápidamente se transformó en consumidor y empresarios y ahora los cárteles mexicanos rivalizan con los colombianos y norteamericanos pro las rutas y los mercados del trasiego y consumidores de las drogas-narcóticos. Mala suerte la nuestra de estar frontera de por medio con el mercado más grande de consumidores de la droga: Estados Unidos de Norteamérica.
Mas esta correlación y equilibrio de vicios está cambiando desde el inicio de este siglo, aproximadamente: la nueva juventud se inclina más hacia los consumos del alcohol, una de las drogas más barata del mercado, más abierta, más legal y aunque tiene casi los mismos efectos que las drogas más combatidas – mariguana, heroína, morfina, cristal, metanfetaminas, etc., – es mucho más barata, es legal, no se consume en los oscuro y, caso lo más importante: derrumba inhibiciones, se consume en sus hogares y facilita el placer con compañía de los otros sexos.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adiciones 2011, mientras que la tendencia del crecimiento del consumo de drogas ilegales – observadas entre 2002 y 2010 – se detuvo, la adición de drogas legales como el alcohol -y el cigarrillo – va en aumento, particularmente entre los adolescentes: el 42.9% de la población adolescente de entre 12 y 17 años ha consumido alcohol alguna vez en la vida. Cifra que corresponde al 46.0& de los hombres y 39.7% de las mujeres; la prevalencia del consumo entre los adolescentes fue del 30% – 31.8% hombres y 28.1% mujeres -.
Los adolescentes copian los modelos ejemplares de consumo excesivo de los adultos, sus padres, sus familiares, sus vecinos, sus compañeros de colonia, de escuela; se muestra inicio temprano: la mitad de los consumidores empiezan antes de los 18 años y las mujeres se incorporan a esta práctica con más dinamismo, curiosamente placer que era, casi, exclusiva de los hombres.
El mayor problema es su bajo costo, su legalidad y, lo peor, que el ejemplo está en casa.






















