El pasado miércoles 4 del presente, el señor presidente de la República, Enrique Peña Nieto, en su gira por ciudad Hidalgo y al cumplirse un año de la implementación del Plan Nuevo Michoacán, cuya finalidad fue sacar al estado de la marginación y el clima social de inseguridad, afirmó que “No habrá un delegado especial; el delegado de Gobernación será quien venga a trabajar y a coordinar…las condiciones son distintas, mas no estoy satisfecho y continuará la coordinación con las autoridades locales para darle a la entidad un nuevo rostro” y oportunidades laborales para los habitantes”.

A cerca de un mes de que se concretara el fin en nuestro estado de la comisión de Alfredo Castillo Cervantes, de que fuera el Hombre Fuerte por más de un año e inmerso en los escenarios actuales de mi estado, no he tenido la respuesta a las preguntas ¿a qué vino Alfredo Castillo Cervantes? ¿Tuvo éxito? ¿Su actuación fue positiva para la administración Peña Nieto y, personalmente, para el capital político de Enrique Peña Nieto?

Ciertamente el nombre de la comisión suena bien, pero eso es para los boletines que llevan día a día las acciones mediáticas de los titulares del Ejecutivo y de las personalidades políticas, pero vayamos al nombre: Comisión Para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán. Un comisionado con la altísima representación del poder Federal, que, independientemente de cómo haya sido su arribo jurídico-legal, concentró, en su figura, en su personalidad, en su actuación, el poder de decisiones de manera absoluta. Le valían gorro, las Instituciones, sus representantes, los protocolos y las personas. Parafraseando, la expresión de López Portillo: Una política chicharronera. Sólo los suyos tronaban.

Bastante difícil, de hecho imposible, para cualquier persona de este mundo y más del nuestro, cambiar en diez años, en una generación, las estructuras económicas de nuestro estado, y el mosaico de nuestra sociedad fuera otro. Menos en, casi, trece meses. Eso es utopía. De las 250 acciones difundidas la gran mayoría formaba parte de diversos planes y proyectos de trabajo de las administraciones, federal y estatal. Lo mismo los recursos anunciados y jamás se vieron, bueno, pero eso es cuestión de administración y presupuestos.

Queda, pues, la cuestión de seguridad. ¿Es Michoacán más seguro? ¿Nos sentimos más seguros en nuestro ambiente?

Acaso, tal vez, quizá, sí.

Están para el anecdotario las afirmaciones de que “Yo duermo tranquilo“, y la réplica: Lo importante es que Michoacán duerma tranquilo. Ya podemos salir a las 3 – o a la una – de la mañana a comer a tacos”. La otra réplica…“Lo invitamos a cambiarse a vivir a Apatzingán, verá qué tan seguros estamos y nos sentimos”. “Los actos delictivos son eventuales y producto de la conflictividad social”. El mentís lo daba el diario acontecer en la geografía estatal: decapitados, descuartizados, narco mantas, narco mensajes, secuestros, robos, asaltos, etc… Bueno: jamás sus cifras sobre seguridad-inseguridad fueron coincidentes con las cifras de Monte Rubido, el Comisionado Nacional de Seguridad, y hasta eran antagónicas: mientras las de Castillo Cervantes iban a la baja; las de Monte Rubido eran al alza. Igualmente, están las amenazas: a los empresarios, a notarios, a políticos, cuyos resultados fueron unos “toques” porque nunca hubo alguna acción… ¡Ah! Sin faltar las declaraciones sobre ese mito genial que es la Tuta: Los Caballeros Templarios están desarticulados…en unos días más lo atraparemos…anda a salto de mata… ¿Y los Tutavideos y/o Tutavideoteca y su manejo mediático? ¿Quién los tiene?

Queda para la Historia local, la violación de independencia, y soberanía de poderes republicanos; el tacto sutil, policiaco, militar, dado a los representantes de la soberanía estatal, para el conocimiento, aceptación, ante la vacante jurídica, del titular del poder ejecutivo; el arribo de una corte feudal de servidores públicos – la Legión Mexiquense -que desplazó funcionarios estatales: ¿Por qué los separó de los cargos? ¡Porque sí! Razón suficiente… ¡Jamás actuó en contra de ellos! Es histórica la detención de funcionario municipales, presidentes municipales y de un secretario de gobierno-gobernador interino, por el delito de moda, asociación delictuosa y vínculos con la delincuencia organizada, etc., etc., etc… pero, pero, aceptando sin conceder, ¿ellos eran jefes y operadores? ¡No hay más detenidos! ¡Eso es imposible! Un jefe siempre tiene una estructura, una cadena de mando. Y aquí no hay más. Solo ellos. Siempre se rumoreó que, en el caso del ex secretario de gobierno, fue una acción-reactiva motivada porque era el único – en el gobierno -, que le disputaba-discutía-oponía sus decisiones.

¿Vino para resolver el espinoso asunto de las autodefensas por el riesgo que significaba para el Estado Mexicano? De hecho, el asunto está resuelto – como lo está en todo el país -. Se atomizó todo vestigio y se registraron, personalizaron y regularizaron todas las armas…eso fue un éxito, pero se quedaron “colitas” que se le salieron del huacal y hubo enfrentamientos, que derivaron en sangre y muerte – no uno ni dos y sí docenas -. Están detenidos y sujetos a proceso varios cabecillas y policías municipales, pero no sus mandos y, curiosamente, no hubo importantes y destacados aseguramientos de drogas, de mariguana, ni de dinero, ni de dólares, ni de vehículos. Extraño. Otra extrañeza: el asunto del desalojo de la presidencia municipal de Apatzingán: 43 detenidos. 43 liberados. ¡Ah! Y el asunto del mando único es un desorden.

¿Actuó para detener el contrabando minerometalúrgico y para regularizar la explotación de los pocitos-minas en el territorio michoacano? Es posible. Hay detenidos barcos y mineral, pero no hay detenidos de ningún tipo y clase. Misterio total.

Todo eso llenó la medida y como varias instituciones republicanas clamaban por un “cambio en la estrategia“en el combate a la inseguridad en Michoacán, y avanzaba el calendario escolar, se cambió la estrategia, y a su operador y tan tan.

Afortunadamente, Michoacán no es como Guerrero, ni La Ruana es como Iguala, aunque la normal rural de Tiripetío se acerca al perfil de la de Ayotzinapa, y, por lo menos no se sabe, los políticos no construyeron estructura de cogobierno con la delincuencia y no hay hornos-incineradores-tiraderos ni multitud de tumbas clandestinas. ¿Eso se lo debemos a Castillo Cervantes? Imposible saberlo.

Lo cierto es que sus actuaciones, en lo determinante, lesionaban a la administración Peña Nieto y erosionaban el capital político del presidente de la República y en los actuales escenarios de credibilidad social en las instituciones y hacia el presidente de la República y de eficiencia de su administración, hubiera sido un riesgo mayor continuar sosteniéndolo – y riesgo superlativo dejarlo iniciado realmente el proceso electoral – Federal intermedio – constitucional para el estado -. Se le sacrificó. Veremos su futuro inmediato, si lo propone para alguna representación popular, federal o local, en el estado de México. Premio o castigo.