Hoy es 5 de febrero.

Hoy es aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Hoy festejamos el XCVIII aniversario de su nacimiento y puesta en vigor.

Hoy habrá un acto en la ciudad de Querétaro, capital del estado del mismo nombre y estará la República en pleno reunida: Titular del poder Ejecutivo, sus secretarios de Estado, los 500 representantes populares miembros del H. Congreso de la Unión y el presidente de la Suprema Corte de la Nación, y sus ministros, más los C. C. gobernadores de los estados y el jefe de gobierno del Distrito Federal.

Hoy, muy seguramente, se hablará sobre la importancia de ese fundamental código de leyes en la configuración del Estado, en la construcción del país, y de la sociedad que ahora somos.

Seguimos siendo una sociedad, y nación, democráticos; constituida, por voluntad mayoritaria, en un régimen Federal; festejamos que somos un país, una Nación y un Estado de Leyes; que somos un país “nacionalista” y popular, pero ese Estado surgido de la Constitución Federal que hoy recordamos está muy distante del que se inició a construir a partir de la promulgación de la constitución que hoy festejamos y que en algún momento de la administración de Miguel de la Madrid Hurtado se interrumpió y se fue transformando dando, año tras año y administración tras administración, ligeros giros a la rueda del timón político-social para reconstruir otra sociedad, otro Estado que ya no es el que se festeja.

Porque los líderes políticos del Estado, de hace una generación, así lo quisieron – sin consultar al pueblo qué tipo de sociedad deseaba -, fuimos pasando, de un Estado protector y al servicio de la sociedad nacional se ha pasado a un Estado vigilante de la sociedad, testigo de su diario acontecer, pero ya no más protagonista de la vida nacional, y pública.

Se ha aceptado que son otros los factores reales del poder.

Ahora, somos más modernos, más universales y menos mexicanos, en los hechos; hoy, literalmente, tenemos más libertades, más derechos y somos más demócratas, pero tenemos, en la práctica, más inseguridad, más miedo, más corrupción, más impunidad y es práctica común la violación de nuestro estado de Derecho y el relativismo de las leyes.

La revolución, que dio origen al Estado revolucionario, democrático, popular, nacionalista, fue truncada cuando empezaban a madurar sus frutos y se justificó con el descrédito, la corrupción, inutilidad, inoperancia e ineficacia y se impuso lentamente otra forma de vivir y de trabajar…el Estado que hoy tenemos. ¿En dos años, qué festejaremos?