Alguna vez nos hemos preguntado lo que piensa y siente un niño enfermo, de cómo se percibe él mismo cuando se ve al espejo, cuando en los últimos días o semanas bajó de peso, cambió el color de su piel, dejó de jugar como antes, consume fármacos, tiene que ir a un hospital a estudios dolorosos, ya no va a la escuela y para colmo, sus hermanos o padres lo cuidan tanto que no le dejan ser el niño que era antes de enfermar.

Estos aspectos y muchos más los vive un niño con cáncer, cualquiera que sea el tipo lo cual se puede complicar cuando tiene un tumor que deforma una parte de su cuerpo y a nosotros nos puede dar miedo ver, o lo hacemos discretamente o con morbo cuando hacemos comentarios o preguntas que molestan.

Los niños perciben esas miradas y comentarios, lo que llega a causar mayor dolor que los tratamientos, pues los hace sentirse diferentes, e incluso ser víctimas de discriminación de parte de personas que tienen la idea equivocada que es contagioso, por lo que los aíslan. Esta situación la podemos encontrar en el transporte público, en las escuelas que incluso, los dan de baja o los suspenden por miedo al contagio o a que les pase algo en las instalaciones, y les niegan su derecho no sólo a la educación, también de convivir con el resto de niños, y algunos maestros y directores, olvidan que lo que ellos necesitan es sentirse incluidos en su casa, su escuela y su familia.

Su cuerpo
Los cambios en la imagen corporal en los niños con cáncer, no importa la edad en la que lo padezcan, son casi iguales en todos los casos, se les cae el cabello por el efecto del tratamiento, en ocasiones, cambia el color de la piel, pueden ser muy pálidos o morenos en exceso, debido a que el sol y los medicamentos producen esas tonalidades.

En ocasiones presentan náuseas y vómitos, otros más que fueron sometidos a cirugía es posible que haya cambiado permanentemente su imagen, les puede faltar un ojo, una pierna o brazo, por lo que es importante sensibilizarnos sobre la manera en la que nos relacionamos o miramos a un pequeño que atraviesa por esta situación, y así evitar la discriminación.

Necesitamos aprender a valorar la importancia de ser respetuosos y empáticos hacia los niños que padecen cáncer, así como promover en nuestros hijos una conducta no discriminatoria hacia la enfermedad, a veces generada por la ignorancia sobre el origen del padecimiento y lo peor, por pensar que es posible contagiarse.

Es necesario que evitemos el panorama de violencia en todos los niveles y sembremos la inclusión y respeto en las escuelas y nuestros hogares, para que así los niños sean educados para vivir y desarrollarse en un ambiente multicultural, donde la diferencia entre las personas enriquece y acerca.

¿Qué hace falta transmitir cuando hay niños que hacen comentarios, se burlan, miran de forma despectiva o maltratan a otros, debido a su condición de salud? ¿Cómo hacer entender a algunos profesores que limitan el acceso a la escuela a un niño enfermo?

Podemos en una mirada generar tanto dolor y maltrato, como lo hacemos con comentarios o acciones discriminatorias cuando no logramos entender lo que viven quienes padecen esta enfermedad. Esto escribió una niña de 13 años con un tumor en su pierna, antes de morir:
“Sólo yo puedo juzgarme. A veces el amor duele. Ahora estoy peleando conmigo misma. Puedo sentir su dolor. Los sueños son mi realidad. Duele pero está bien, estoy acostumbrada.
No se apresuren a juzgarme, solo ven lo que yo escogí que vieran. No conocen la verdad. Sólo quiero divertirme y ser feliz sin ser juzgada. Esta es mi vida, no la suya, no se preocupen por lo que hago. La gente los va a odiar, los va a calificar, los va a destrozar, pero qué fuerte es que lo soporten ustedes ¡ustedes!
No hay necesidad de llorar, porque sé que estarán a mi lado.”
*Dr. José Méndez, psico-oncólogo del Hospital Infantil Teletón.

Colaboración de Fundación Teletón México.
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