Con, o sin, la autorización de registro a tres nuevos partidos nacionales, el electorado nacional, estatal, distrital y municipal, tiene diez partidos políticos para elegir a quien concede su poder soberano, residente en él; lo anterior obliga a algunas ideas y reflexiones.

Con la pasada reforma electoral que incrementó-elevó a 2% de votos como cantidad porcentual que los partidos políticos deben recibir en sus apartados, en sus membretes para conservar su registro, sobrevivir y continuar recibiendo prerrogativas partidistas.

Esta reforma determinará que, a la postre, al validarse la elección nacional y se conozcan los números definitivos algunos partidos políticos – nuevos y ya establecidos, habrá tenido su última y acaso, primera participación electoral. Como es el caso del PANAL, de MOVIMIENTO CIUDADANO Y, hasta, EL PARTIDO DEL TRABAJO Y, EL PARTIDO VERDE ECOLOGISTA DE MÉXICO, algunos de ellos, de hecho, empresas legales de familia y /o grupo político económico y de los tres nuevos, se desconoce cuál será su impacto en la sociedad y, por consiguiente, su real peso electoral.

Se supone – así se dice y rumorea – que Movimiento de Regeneración Nacional está creciendo de los restos de la llamada Izquierda y los dirigentes de este partido no deberían minimizar esta situación.

Es muy posible y eso lo determinará el electorado nacional que algunos partidos sean meramente regionales-estatales, pues su presencia es escasa y hasta nula en varias entidades federativas.

Esta reforma – la de incrementar a 2% el mínimo de sufragios de la elección nacional para conservar el registro – y la autorización del registro político a nuevos partidos, obligara, realmente a la discusión de otra reforma político electoral y constitucional: la desaparición de las alianzas-coaliciones entre partidos políticos, que se sabe que se establecen para llegar al poder, aunque sea mínimamente compartido.

Mas está otra razón: esas alianzas se establecen-pactan para conservar su registro, pues de no acoradla, muy seguramente desaparecerían por la mínima aceptación social de esos partidos; es más para muchos es muestra, además, de la falta de credibilidad de los partidos por parte de la sociedad y, nuevamente, el declive en las preferencias electorales de la misma sociedad.

Y no son necesarias, pues por la apertura ideológica, su diversidad y pluralidad, que se ofrece al electorado, hacen innecesarias estas fusiones temporales, salvo que sea para llegar al poder en amasiato político, pero no ideológico.