Se dice que cada quien habla de la feria, conforme le va en ella y a un año de distancia de la designación e instalación en nuestro estado de la Comisión para la seguridad y desarrollo integral del estado de Michoacán y la llegada de Alfredo Castillo Cervantes, con la alta representación y poder del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, los resultados hablan por sí mismos.

Inicialmente, su llegada fue cubriendo todos los aspectos legales: petición formal, legal, del titular del Ejecutivo estatal, con la anuencia – por lo menos como testigos y/o informados de tal hecho – de los otros dos poderes republicanos y con la única responsabilidad de informar al titular del Ejecutivo Federal – o al secretario de Gobernación, Federal-. Y como se dice popularmente, de ahí en fuera, ningún poder del estado tiene poder-control, sobre él; es a la inversa: tiene gobierno y control de todo, y de todos los protagonistas político-partidistas y de los representantes de los sectores económicos y sociales de la entidad.

Recientemente informó de sus resultados al H. Congreso de la Unión y ahí con imágenes y datos estadísticos precisó que Michoacán es otro en los rubros de seguridad y desarrollo económico.

Mencionó los avances porcentuales de las 250 acciones señaladas como objetivo de la creación, acción e imposición de la comisión que preside.

¿La verdad?

Muchas de las informaciones son rumores y están en el anecdotario popular, pero si sirve de algo citar voces y discursos e ideas, están los posicionamientos de los diputados locales, integrantes de la LXXII Legislatura del H. Congreso local, en el inicio e instalación del nuevo periodo ordinario de sesiones: Se ve, se vive y se informa de otro Michoacán.

Es de risa la aseveración de que nuestro estado es más seguro pues “ya se puede salir a las tres de la mañana, a comer”. ¡¡Por Dios!! ¿No hubo en la mente, en la inteligencia, en el vocabulario del Comisionado, una imagen más cercana a la realidad, más cierta y más creíble, menos jocosa?

Debe llamar la atención que los datos sobre seguridad y desarrollo integrales estatales, no coincidan con los datos de las agencias de seguridad nacional ni con los de las secretarías de Estado, y menos con las del INEGI.

Finalmente, si nuestra seguridad estatal es tan grande como lo afirma desafiantemente el señor Comisionado, ¿por qué no radica unos días en Apatzingán o por aquella región, sin el aparato que lo protege y cuida y que lo hace invulnerable e inmune, y hasta impune?