De entrada una verdad incontrovertible, aunque para muchos resulte incómoda; Oaxaca, Guerrero y Michoacán son verdaderos ejemplos de Estados donde el cumplimiento y la aplicación de la ley es, para decirlo diplomáticamente, escaso y discrecional. La casi nula aplicación de “La Constitución y las leyes que es ella emanan”, formula retórica que los funcionarios recitan sin razonar al tomar poseción de un cargo, sin la mínima intención de cumplirla; en esos Estados, reitero, es la dura realidad; dolorosa, cabe aclararlo, para los ciudadanos, pues para la casta gobernante los problemas del ciudadano de a pie no importan.

No se ocupa ser un experto en política ni tener titulo universitario alguno para observar, sentir y enterarnos como diariamente se viola le ley en los Estados de Oaxaca, Guerrero y Michoacán. No por casualidad los mas atrasados en materia educativa, y tampoco por casualidad Estados que padecen la plaga de eso que llaman “magisterio democrático” la omnipotente, intocable y agresiva CNTE. Basta sintonizar cualquier noticiero radial o televisivo, o leer en los diarios (menos en el “periódico objetivo”) para enterarnos de los múltiples delitos que, con absoluta impunidad, comenten diariamente diversos grupos bajo la ocurrencia que se les antoje; la más reciente y calamitosa es el manipulado asunto de la indefendible Normal de Ayotzinapa.

¿Por que tanto miedo para aplicar la ley en esos Estados? En Oaxaca se puede explicar por que el personaje que oficia de “Gobernador” el Sr. Cué es un rehén del “magisterio democrático”, una marioneta sin valor ni voluntad propia. Guerrero es un Estado que tradicionalmente ha sido conflictivo, muy atrasado, cuna de guerrillas, y desde hace muchos años un floreciente sitio donde el narcotrafico a sentado sus reales. Ellos y varias organizaciones a su servicio son la “Ley”; de remate tiene un “gobernador” absolutamente incompetente.

¿Y Michoacán? Todo parece indicar que el Estado cometió algún muy grave pecado pues desde hace decenas de años la corrupción, la ineficacia y últimamente el miedo han sido las características más evidentes de casi todos sus funcionarios. Por ejemplo, existen, y eso es conocido, decenas de ordenes de aprehensión en contra de conocidos “lideres” locales, pero las autoridades tienen, ya no miedo, sino verdadero pavor de hacerlas efectivas.

¿Argumentos para sostener esta afirmación?. los vemos diariamente, impunidad total para estructuras como la CNTE, la calamitosa CUL, los Antorchos, los zares del transporte, los estudiantes (es un decir) de las normales michoacanas, singularmente la de Tiripetio. Todos tienen patente de corso para hacer o deshacer a su antojo, pueden, a su arbitrio, bloquear la vialidad que deseen, vandalizar oficinas y sedes de partidos o del gobierno, asaltar tiendas, saquear camiones repartidores de pan, refrescos etc. bajar, sin consideración alguna, a los pasajeros de un autobús en medio de la carretera, todo esto con la seguridad de que nada les va a pasar, es más, las mismas estructuras “policiacas,” sean estatales o federales se encargar de protegerlos. ¿Levantar una denuncia por sus actos delictivos? , es una total pérdida de tiempo. En esos casos en Michoacán no hay ni ley ni voluntad para aplicarla.

La duda se plantea ¿Tanto miedo y cobardía tienen nuestras autoridades? ¿O será contubernio? ¿La ley esta para negociarse de acuerdo a los intereses de unos cuantos? No encuentro otras explicaciones de por qué a las “autoridades” les importa un comino la ciudadanía y los problemas que padece con estos delincuentes.

La cultura, la honestidad, el afán de servicio, la congruencia y la inteligencia no son atributos frecuentes para una gran parte de los políticos mexicanos. Algunos jamás han leído un libro, a menos que califique como libro el directorio telefónico, pero pese a ello se les coloca en cargos vitales para el manejo del país. Estos políticos pluripotenciales pueden ocupar cualquier cargo, independientemente su formación, ya que se supone que en cualquier lugar pueden funcionar bien, pues lo único que realmente necesitan es capacidad de tragar sapos sin hacer gestos, una lealtad a toda prueba y habilidad para sobrevivir y medrar en las sentinas de política.

Concluyo: Cuando se tiene miedo no se hace uno funcionario; hay otras profesiones más acordes a un carácter apacible y conciliador, por ejemplo afinador de pianos o estilista, pero no Gobernador ni Presidente municipal.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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