El inicio de este año fue singular: un acto terrorista, como los hay en buena parte del mundo occidentalizado-islámico, que están en histórica y milenaria confrontación y cuyas notas distintivas fueron las siguientes:
Ataque a la revista satírica Charlie Hebdo, en París, Francia; reivindicado por Al Qaeda, de la península arábiga, rama terrorista de Yemen; de corte suicida, de motivación intolerancia religiosa, calificada como Guerra Santa; en el acto murieron diez periodistas, trabajadores de esa empresa y tres policías – uno de ellos ultimado, francés de origen, pero de ascendientes islámicos – y según informaciones difundidas, acto criminal ordenado por el emir Ayman al Zawhiri y conforme a la voluntad póstuma de Osama bin Laden. El acto tocó el centro de la llamada nación-Estado baluarte de las nuevas libertades y derechos humanos y que tiene una deuda histórica en contra de los árabes, el islamismo por la pérdida de Argelia, y todo lo que haya se construyó y destruyó.
Ciertamente fue un escándalo, pero, haciendo a un lado la muerte de los trabajadores de la empresa, fue un exceso en la valorización y evaluación de los hechos; incluso los tres policías fueron tratados como héroes y toda Francia vive un estado de psicosis en contra del terrorismo. Y está en pie de guerra contra ese virus islámico, o sea lo que sea que venga y de dónde venga.
Mas viéndolo con ojos de mexicanos, existe muchas similitudes en el corte de los hechos, pero no en el tratamiento y solución tomada: fueron, en total, cerca de 15 muertes, se tuvo una justificación. Alá fue vengado. Corte religioso. ¿Y los muertos en México, en Michoacán? Suman más de 50 en el pasado fin de año: no hubo corte religioso, pero sí un corte mercantilista por la disputa de territorios, que al final, vienen a ser lo mismo: muertes.
La gran diferencia fue la respuesta del Estado: en pocas horas se montó una operación que llegó a desplegar cerca de 80 mil elementos y se difundieron tanta información sobre los hermanos asesinos que hasta se sabía cuál había sido el menos de sus últimos dos días: sus antecedentes, sus familiares, sus estudios, sus trabajos, su incorporación al Islam, su adoctrinamiento y los detalles del hecho en sí, así como su persecución, etc., etc., y etc.
Y aquí, han muertos, periodistas, jóvenes, adultos, mujeres, niños, estudiantes, etc., etc., y etc., y ¿cuál ha sido la respuesta del Estado? Formar comisiones y dejar hacer y dejar pasar.
En ambas naciones-Estado tenemos el mismo perfil de leyes y de derechos sociales, humanos y garantías individuales, pero…ciertamente en Alá, ni la presencia religiosa islámica es significativa, ni tampoco se tiene una historia de confrontaciones legendarias, pero sí tenemos el mismo anhelo de vivir en paz y heredar a nuestros hijos y descendientes un ambiente que no dispare balas.























