Nuevamente el mundo occidentalizado se cimbró con el ataque mortífero en París, a la sede de la revista CHARLIE HEBDO, llamado Ejército Islámico y abrió nuevamente el debate en la sociedad sobre los problemas de la tolerancia, la libertad de expresión, el multiculturalismo, los límites de la integración, la legitimidad de los Estados para intervenir en la vida de los ciudadanos, la solidaridad internacional, la lucha internacional contra el terrorismo mundial – del corte que sea, político, religioso, cultural, etc. -, la idoneidad de las leyes para combatir este tipo de actividades criminales, el comportamiento de los organismos multilaterales ante este virus y la capacidad de las fuerzas de seguridad frente a esta amenaza yihadista.
Pareciera que es por ciclos anuales y por Estados-naciones: la OLP – de Yasser Arafat – , el terrorismo de Mohamed Gadafi – Septiembre Negro -, Al Qaeda – La Base -, otros más, aparte de los terrorismo focalizados en cada país, como los ETAs, los Tupamaros, , ahora el Yihad y su brazo armado, el IS, el Ejército Islámico.
Curiosamente, los autores de la matanza en la sede del semanario Charlie Hebdo, eran franceses, aunque de origen tunecino; nacidos y educados en la cultura occidental, exactamente igual que el agente que remataron en el suelo, Su asesinato muestra las dos caras de la realidad: personas con idéntica cultura y religión, incluso de la misma generación. Se muestra que hay quienes se han integrado perfectamente y quienes optan por la vía de la automarginación y la violencia.
La presencia de ciudadanos musulmanes en Europa hace tiempo dejó de ser testimonial. En Francia son más de 5 millones – un 7% de la población -. Salvo incidentes mínimos – acaso para el occidente -, no ha habido mayores daños ni roces. La mayoría ha sido en el ámbito escolar, a propósito del velo por parte de las niñas – como en México, a propósito del Himno Nacional -.
La tolerancia y la libertad son esencia de la civilización mundial y lo que ha progresar a la humanidad y ahora, nuevamente, se plantea un reto: responder al desafío del terrorismo yihadista, que curiosamente surge de una religión que basada en un libro y en una persona, son en esencia pacifista, pero que no se debe olvidar que bajo el estandarte de esa religión, el mundo ha estado, desde siempre, en el borde del colapso fratricida, económico y político.
Esta nueva confrontación de un grupo beligerante no entiende, no acepta, por sistema-adoctrinación, ninguna negociación, lenguaje que no sea el de la confrontación, el uso de la fuerza y el lenguaje del terrorismo. La forma como respondió el Estado francés está la ruta.
Se espera una ola de violencia en Europa.























