Este es año electoral y los partidos políticos harán gala de su virtuosismo para ofrecer a los electores a sus mejores candidatos y candidatas, pero para hacerlo están obligados a realizar su juego democrático interno y, mediante procedimientos democráticos, elegir a sus representantes para los diferentes grados y niveles de representación popular, pero…

Curiosamente, los partidos – en todo el mundo y en todo tiempo, desde la creación de los partidos políticos como organismos sociales y herramientas indispensables para ejercer el poder que dimana del pueblo – son el ejemplo más claro, transparente y nítido de lo opuesto a la democracia.

Se supone que en el seno de los partidos políticos se da el juego democrático, el debate de las ideologías, en el marco de sus respectivos estatutos, de los puntos centrales de las correspondientes plataformas ideológicas, en base a los estatutos y demás documentos básicos y, finalmente, se organiza la votación, la emisión del voto en un ejercicio plenamente democrático y que el triunfador con un voto de diferencia , o más, es el triunfador, pues, en las democracias, un voto hace la diferencia y construye la mayoría natural para obtener el triunfo, pero…

Actualmente, y es una práctica ya cotidiana en nuestro país – y muy posiblemente en buena parte del mundo occidentalizado – que se le dé una vuelta a la democracia y sean las plutocracias, las oligocracias, las cúpulas de los partidos=los intereses partidistas, los que inicien y termine este juego cuasi democrático y el esquema-formato del juego democrático se haga a un lado por los llamados candidatos de unidad.

En este formato, las figuras=personalidades políticas de los partidos, argumentando instrumentos X y diversos, se dicen, muestran y sostienen su decisivo valor cuantitativo y cualitativo en el seno de su partido y se dicen con posibilidades mayoritarias para ganar en las elecciones constitucionales y, todos, de voluntad o por interés, por pragmatismo, por economía o por utilitarismo negocian los formatos democráticos.

De continuar con este ejercicio=práctica, se estaría encontrando la llave de la utopía democrática y el ahorro de grandes sumas de dinero, pues para qué gastar dinero, tiempo y tener confrontaciones entre la sociedad; simplistamente: reunirse los representantes de los partidos nacionales, estatales y municipales – más las fuerzas vivas y electores reales de poder – , según sea el caso y distribuirse las posiciones de representación partidista en base a determinada fórmula y asunto resuelto.

Así nos evitaríamos el engorroso y repetido caso de las impugnaciones, de las confrontaciones sociales y del excesivo gasto en las elecciones. De continuar así, se habrá encontrado la fórmula 100% eficaz para las renovaciones del ejercicio del poder, que dimana del pueblo, principio central de nuestra República y de nuestro sistema federal.

¿Cuál es el miedo a los ejercicios democráticos partidistas internos?

Debemos conocer quién es capaz de construir mayorías, partiendo de las minorías.