Camarada lector, si tu, como la mayoría de los mexicanos tienes que vigilar cuidadosamente tus gastos, ver donde consigues las cosas menos caras y de buena calidad, si al fin de quincena andas con apuros para completar el gasto, si tienes un pequeño trabajo o negocio que en estos tiempos apenas te da para irla pasando y eso después de batallar con Hacienda, IMSS, Municipio, etc. Y cuanto a diversiones te conformas con ver la televisión y solo eventualmente acudes al cine, entonces, camarada, estás mejor que el promedio del mexicano, que ni para eso alcanza.
Y si por mala suerte te enfermas y por tu trabajo estas dentro del esquema del IMSS o ISSSTE te tocará renegar por lo mal que andan estas instituciones, heridas de gravedad por las políticas del sistema desde hace sexenios. Si acudes a solicitar atención medica deberás discutir con su torpe y asfixiante burocracia, pero con un poco de suerte resolverás parte de los mayores gastos médicos.
El problema se da cuando no tienes ni IMSS ni ISSSTE ni nada parecido, pues entonces te toca utilizar los servicios de la medicina privada, la cual puede ser buena, mediocre o pésima, dependiendo de los profesionistas con que acudas. Aquí está el verdadero problema, pues si bien existen algunos excelentes médicos, competentes y humanitarios (lamentablemente no muchos), hay un gran número que pueden o no ser competentes, pero que definitivamente se ubican en la categoría de los comerciantes, pues utilizan su título y sus conocimientos como una verdadera “patente de corso”. Este tipo de médicos, tanto los competentes como los mediocres, han desarrollado una gran habilidad para manipular la buena fe o la ignorancia del paciente para lograr de esta manera obtener un mayor e injustificado ingreso monetario.
¿Cómo detectar estos médicos, mas discípulos de Hermes, dios del comercio que de Asclepio, dios de la medicina? Las mas de las veces es relativamente fácil, en primer lugar suelen ser alarmistas, mencionando una gran cantidad de complicaciones, reales o inventadas y amenazando con un catálogo de desgracias si no se atienden pronto y con ellos, aunque para eso tengan que empeñar hasta la casa. Muy útil les resulta la amenaza de que su enfermedad (real o supuesta, les da igual), se complicará, el apéndice, la vesícula o lo que sea les reventará, o les “caerá cáncer”. Prometen o “garantizan” resultados fuera de la realidad, con el único fin de enganchar al paciente; en medio de una urgencia los apresuran y los presionan obligándolos a decidir en los instantes en que paciente y familiares se encuentran bajo extrema tensión y por lo tanto son más sugestionables, o bien los asustan para pedirles una gran cantidad de costosos exámenes de laboratorio, radiografías y ultrasonidos, pero eso sí, deben de hacerse estos análisis en determinado laboratorio u Hospital pero no le informan al paciente que ese laboratorio o ese Hospital se lo están recomendando por que les paga una comisión, (billetes), no por que sea bueno o confiable.
Al llegar a este espacio recuerdo un párrafo del libro “Palinuro de México”, de Fernando del Paso, donde se refiere a una de las mayores tragedias de la medicina privada, en la que todos, unos mucho, otros menos, hemos caído, y textualmente dice, “Dicotomía es cuando el médico general le envía a un cirujano amigo suyo un paciente al que le ha dicho que se tiene que operar del apéndice o de una fístula rectal, sea o no sea verdad, eso es lo de menos, y que ese es el mejor cirujano del mundo en esa especialidad. El paciente se opera y sobreviva o no sobreviva, eso también es lo de menos, el cirujano divide los honorarios con el médico general, eso es dicotomía”. Esta tragedia, de compartir los honorarios, lo único que hace es aumentar el costo de la operación en perjuicio del paciente.
Por eso, estimado lector, búscate un médico de absoluta confianza, pide referencias de su honestidad, si te indica que acudas a un determinado laboratorio desconfía, pues lo mas seguro es que reciba comisión, si intenta venderte la medicina es peor, pues eso ya es negocio, si es médico general y te sugiere una operación pídele las referencias de cuando menos tres cirujanos y tu decide libremente con quien ir, si se trata de un ginecólogo investiga si sus pacientes son atendidas de parto o si casi todas terminan en cesárea Si tienes dudas, pide una segunda opinión por otro médico de la misma especialidad.
Esa es la triste realidad de la medicina privada, pero ¡ANIMO! , hoy termina el annus horribilis de 2014
Alejandro Vázquez Cárdenas
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