Pese a que fue muy aplaudida la decisión presidencial de cancelar el otorgamiento del contrato-licitación de la línea del tren Querétaro-México, ganada por un consorcio internacional liderado por China Railwais, este hecho debe generar algunas reflexiones.

Para cancelar vertical y autoritariamente una licitación del tamaño y la circunstancia de la del tren Querétaro-México deberían existir razones de mucho peso y fondo, pero por cualquiera de los dos extremos es preocupante.

Si se cometieron irregularidades o algún ilícito debería salir a la luz y castigar a los culpables. Si éste no fue el caso, entonces las razones de su anulación se debieron a razones externas, la situación es mayormente compleja o difícil, porque indicaría que en nuestro país las reglas del juego son flexibles, que pueden cambiar de un momento a otro y que, finalmente, se pueden tumbar proyectos multimillonarios muy simplemente por cuestiones políticas.

Si la razón ofrecida por el secretario de comunicaciones y transportes para cancelar la licitación fue “porque el presidente de la República no quería que un proyecto de esa magnitud fuera cuestionable y que careciera de claridad absoluta”, está en chino. En ningún momento se hizo alusión a irregularidades. Curiosamente la decisión presidencial se da después de que algunos medios se sugiriera que el consorcio ganador había sido favorecido por la participación de gente cercana a la presidente de la República y cualquiera de las justificaciones son graves para el país, ya no para la presidencia de la República.

Indicaría que es posible, por cualquier vía, cambiar la tendencia legal de un concurso; que la cercanía con el presidente puede cambiar el sentido de la decisión-fallo y que, finalmente, la presidencia de la República está siendo sumamente sensible a las “sugerencias” de los Medios, algo realmente extraño.

¿A qué se refiere el gobierno al decir que “hubo falta de claridad absoluta”?

¿Es suficiente que una licitación sea “cuestionada”, aunque sea sin cauce legal, para que sea cancelada? ¡Diablos! No habrá seguridad y certeza en ninguna.

Si se percibe que los fallos de las licitaciones tienen contenidos políticos o se pueden desviar por relaciones de cercanía a la figura presidencial, entonces se puede perder la confianza.

Las reglas deben ser claras para todos y ajenas a elementos externos. Todas las licitaciones deben claras y confiables.