Este 9 de noviembre se cumplieron 25 años de la caída de uno de los mayores, si no es que el mayor monumento a la intolerancia que el hombre ha levantado en su historia. El muro de Berlín, barrera física que dividía a Alemania en dos repúblicas; innegable muestra del fracaso del régimen comunista, doctrina responsable de la mayor cantidad de muertes que ha conocido el mundo desde el remoto origen de la humanidad. Cien millones de muertos y millones de ciudadanos enajenados y esclavizados es la cifra conservadora del costo de la entelequia Marxista-Leninista.

Por eso el mundo celebró con júbilo un aniversario más de esa fecha, el 9 de noviembre de 1989, cuando la URSS y sus satélites colapsaban víctimas de sus insolubles contradicciones. El marxismo real caracterizado por miseria generalizada, cartillas de racionamiento, incomunicación, pésimos servicios, omnipresente estado policiaco, hospitales psiquiátricos convertidos en cárceles para disidentes, infernales Gulags, inexistencia de los derechos humanos y un costosísimo aparato militar que a la postre contribuyo decididamente a la quiebra del sistema, exhibió su incompetencia. La caída del muro significó el fin del régimen comunista de Alemania oriental y poco tiempo después, el 3 de octubre de 1990, se proclamó la reunificación de Alemania.

Pero el daño provocado por régimen comunista fue muy severo. Aun hoy, después de que el gobierno alemán ha gastado miles de millones de euros en subsidios, los habitantes de la antigua Alemania oriental siguen siendo más pobres que los de la parte occidental. El viejo partido comunista cambió su nombre por el de Partido del Socialismo Democrático y sobrevive con el nombre de La Izquierda (Die Linke). Para entenderlo mejor es algo así como si el partido nazi (NSDAP) hubiera sobrevivido a la desaparición del régimen de Adolf Hitler.

La caída del muro en Berlín, muro erigido por las autoridades comunistas de la Alemania del Este, por órdenes expresas del Kremlin, en el año 1961 para impedir la fuga de buena parte de la población al lado occidental, huyendo de un territorio donde no existía el menor derecho personal y en consecuencia los ciudadanos pasaban a ser algo menos que súbditos de un estado policiaco y totalitario. Imposible ocultarlo, la mera existencia del muro suponía la constatación de las políticas opresoras del sistema comunista, auténtico régimen policial donde no se permitía la menor crítica a la “verdad oficial”; situación que finalmente llevó a la gestación de una sociedad cerrada, asfixiante para la mayoría de la ciudadanía, y con ello a un fracaso social en todos sus aspectos.

El mundo y la prensa libre han celebrado en grande esta fecha, pero aunque parezca increíble, aun existen algunos medios que lamentan profundamente la caída del muro de Berlín y la posterior desaparición de la URSS. Un ejemplo de ello lo tenemos en el periódico mexicano “La Jornada”, medio hipotéticamente de “izquierda”, signifique eso lo que signifique; diario que usando a algunos de sus “analistas” se queja amargamente de la desaparición del muro y del fracaso del llamado “socialismo real” y con entusiasmo digno de mejor causa despotrica en contra del “imperialismo mediático” y en general en contra de Occidente, utilizando para ello un lenguaje extraído del más rancio y amarillento folleto marxista de los años 60s y argumentos reñidos totalmente con la historia y el sentido común; obviamente sin ahorrar alabanzas a los “prodigiosos progresos sociales, políticos, económicos y culturales” de los países comunistas, progresos solo existentes en la imaginación de fanáticos socialistas.

Lo triste del asunto es que aún existen despistados “compañeros de ruta” que les creen. En fin, no hay peor necio que el que no quiere entender.