Decir que no es difícil para muchas personas, pero negarse a hacer cosas si solo se hacen por ser correcto puede incluso ser beneficioso para la salud.

Silvia acaba de comenzar a trabajar en un sitio nuevo y se siente un poco presionada a la hora de quedar bien con todo el mundo, aunque no está dispuesta a ceder. Desde que tiene uso de razón siempre ha antepuesto la política corrección a sus verdaderos deseos e intereses, pero desde hace un tiempo ya no tiene ganas de ser agradable en contra de sus preferencias.


A Silvia, desde siempre le ha gustado ir sola a almorzar. En primer lugar, porque le encanta internet y le gusta conectarse a la wifi de los bares. Otras veces habla un rato con la camarera e incluso a veces se fuma un cigarro sola en la terraza. Es un momento del día en el que Silvia disfruta y nunca le ha apetecido compartirlo con ninguno de sus compañeros de trabajo, por ninguna razón en especial, sencillamente porque no. No es que tenga nada en su contra, es más, le caen todos bastante bien.

A muchos esto les resulta extraño, algunos piensan que Silvia está “solita” y les provoca una especie de sentimiento de pena, por eso se ofrecen a acompañarla a la hora del almuerzo. No pueden estar más equivocados, ella ya ha rechazado tres propuestas de este tipo. La gente tiende a ofenderse cuando responde, “No te lo tomes a mal, pero a mí me gusta bajar sola a almorzar, así me conecto a la wifi y me despejo más”, la reacción normal de casi todos es poner mala cara, entonces Silvia, responde con una coletilla que jamás llega a hacer realidad, “pero de todas formas, algún día a lo mejor te llamo”. Cuando a los tres meses, Silvia no ha llamado ni una sola vez, significa que no lo hará nunca. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Decir que no todas las veces que sea necesario

A pesar de haberle dejado claro a su compañera Celia que prefiere ir sola a almorzar, Silvia sigue encontrándose con la insistencia de esta. No le costaría nada decir que sí algún día, pero sabe que si cede una vez, la cortesía terminará convirtiéndose en rutina. Silvia lo siente por Celia, pero se ve obligada a decir que no por segunda vez, y habrá una tercera y una cuarta si es necesario, “No tengo nada contra ti, Celia, me caes muy bien, pero como te dije, prefiero bajar sola a desayunar, lo siento, es que soy un poco rarita”, y termina con una sonrisa. Celia es una persona razonable y ha comprendido perfectamente que Silvia tiene sus propias costumbres, al margen de que ella le caiga bien o mal.

A Silvia solo le importa el resultado de su trabajo, de hecho sabe que caer bien o mal a sus compañeros no depende de si va o no a almorzar con ellos, de hecho, si tuvieran que criticarla a sus espaldas, lo harían igual. Afortunadamente ese no es su caso, tiene la suerte de tener unos compañeros de trabajo excepcionales.

De todas maneras, si se sigue con ganas de guardar un cierto protocolo social, se puede proponer una alternativa a la otra persona, como por ejemplo, quedar para tomar un café, hacer deporte o ir de compras algún día en horario no laboral. Esa sería una buena manera de demostrarle a alguien que no se tiene nada en su contra. Aunque no se tiene por qué dar ninguna explicación cuando no se tienen ganas de hacer algo, en ocasiones es necesario saber decir que no sin tener remordimientos después, es parte de la vida.

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