Ayer domingo usted debió retrasar una todos los relojes en uso personal y familiar y, en la práctica, a partir del primer minuto del domingo 26 tuvo una hora más para hacer lo que las rutinas personales determinen.

Después del inicio de este horario, vendrán los informes oficiales inaceptables porque no se materializan en nada que beneficie a los bolsillos de las familias mexicanas; dirán que se ahorraron tantos millones de pesos por la NO compra de diésel, gas y gasolinas para la compra de combustibles para las turbinas y termo hidráulicas, o lo que sea y que evitó lanzar a la atmósfera tantos y tantos millones de toneladas de smog, de contaminantes del medio ambiente, pero así será.

Por otro lado, reflexionando, el horario de Verano es para las nuevas generaciones, las que no están formadas en el horario Tradicional, nuestro. Ese Horario es para ellos, mas si como se argumenta, no puede haber varios horarios, ¿por qué, en un sólo país, tenemos tantos horarios?

Finalmente, no es cuestión de adelantar o retrasar un horario.

Ni tampoco una cuestión meramente biológica.

Es cuestión de una cultura, de una formación individual.

Aunque a nadie le importe, debería darse una valoración múltiple – económica (individual-familiar y Estatal o Pública), ecológica, biológica, laboral y de salud pública) creíble de estos dos horarios – el tradicional, como el recién iniciado – y el de Verano.

¿Habrá registros de enfermedades broncopulmonares en ambos horarios para tomar una decisión?

¿Puede darse una valoración de resultados académicos en todo el sistema educativo laboral en ambos horarios para tomar la mejor decisión?

En lo que es lo que vaya a ser, habrá que disfrutar esta levantada un poco más tarde – acaso igual, pero un poco más cálida.