I. LUCES Y SOMBRASI
Al acercarse el fin del Calderonismo es usual que los Medios hagan y deshagan a la administración que se va. Así ha sido siempre y así será en el futuro. Es la repetición muy republicana de aquella frase dinástica y absolutista de la casi desaparecida realeza: El Rey ha muerto. Viva el Rey.
Luis Felipe Calderón Hinojosa no podía eludir esta rutina de destazamiento. Sabiendo que no existen gobiernos, administraciones, ni reinados perfectos, tocaremos este punto.
A cada una de las luces del Calderonismo corresponde una o más sombras
Una de las luces es el llamado control y esplendor de la Macroeconomía. Eso lo dicen los grandes comerciantes, los monopólicos empresarios, pero lo que está mal, perversamente mal, la negra sombra, es la microeconomía: no existe mercado interno; no existe ahorro, el salario mínimo perdió en este sexenio, más del 50% de su capacidad de compra, como en los anteriores hasta llegar a José López Portillo – hace 30, 32 años o más, desde que se dejó de ad ministrar la abundancia -; no existen las plazas laborales suficientes para los 1 un millón, 300 mil de egresados y destripados, que año con año egresan de las instituciones de educación Media Superior y Superior; ha crecido el comercio informal y se cumple la ley: A menor empleo formal, mayor empleo informal. Como alguien dijo; todos comemos y la chiva es primero y primero es comer que ser cristiano. Y, por datos resultantes de sesudos y formales estudios e investigaciones, más de la mitad de los trabajos formales creados carecen de las prestaciones de ley y están muy mal pagados.
Otra de las luces es la lucha contra la delincuencia organizada, pero el umbral de la sombra cubre esa luz: Aun siendo miles los detenidos y millones la droga asegurada, la delincuencia no disminuye, ni las bandas dejan de actuar y los niveles de seguridad y confianza y tranquilidad van a la baja y el número de daños colaterales e inocentes son cerca de 12 mil fallecidos – de los que se registran – por año. Esta cifra podría llegar a los setenta mil fallecidos, desaparecidos, etc., en este sexenio. Lo que no se ha contabilizado y, acaso ni investigado, son los desplazados y los efectos económicos, sociales, laborales y familiares de este hecho real: los que se van, se salen por las razones que sean.
Una de las situaciones más graves es que se sabe que existe relación, complicidad con la llamada delincuencia organizada, en cierto y definido grados en todos los cuerpos policiales del ramo federal, estatal y municipal y todo bien. No hagan aire. La famosa certificación de los policías ahí sigue y nadie hace caso ni algo para que esto camine hacia mayores niveles de eficacia, habilidad, competencia de los cuerpos responsables de ofrecer seguridad, tranquilidad y paz a la sociedad.
Luz en el control de la inflación, pero la sombra está en el costo social. Los únicos que sufren son las capas sociales, los segmentos de los clases medieros y de las clases bajas, porque lo que son los ricos, las familias de los hombres de Negocios de México, los COPARMEX, CANACINTRAS y los CCE y todos esos de la clase patronal, está mucho mejor que ayer.






















