Es el titulo de una película norteamericana (Born losers) bastante popular allá por la segunda mitad de los años sesenta; época de transición entre el fenómeno hippy y el amargo despertar a una realidad decepcionante para la juventud de todo el mundo.

La película retrata a una parte de la juventud de esa época, jóvenes emocionalmente inestables, inconformes, violentos, acelerados, muchos de ellos consumidores de drogas, algunos con un idealismo ingenuo, pero otros con una gran carga antisocial y casi todos con una pobre o pésima educación.

Esa época ya pasó, pero una parte de la filosofía de estos “nacidos para perder” sigue siendo atractiva para la juventud y para otros no ya no tan jóvenes, las ideas y los ideales, ya lo sabemos, se resisten a morir y contaminan a las nuevas generaciones. En la actualidad, en nuestra juventud y en otros no tan jóvenes básicamente encontramos lo siguiente: Una rebeldía mal razonada ante todo lo que represente una autoridad, llegando en ocasiones al anarquismo o a violencia pura y dura; incapacidad para aceptar y adaptarse a las exigencias de la sociedad, la búsqueda permanente de satisfactores inmediatos pero con un mínimo de esfuerzos, el rechazo a las disciplinas académicas y laborales (algunas escuelas mexicanas) y algo potencialmente peligroso, la facilidad para ser “encandilados” por cualquier demagogo que les prometa todo lo que desean oír. Todo eso y más se da abundantemente en grandes segmentos de nuestra sociedad mexicana, desde pequeños grupos de marginales hasta en las grandes agrupaciones sindicales Una gran parte de nuestros trabajadores solo busca la mayor rebanada del pastel sin desempeñarse a fondo en su trabajo. “Hacen como que me pagan, yo hago como que trabajo” es su lema y lo dicen sinceramente.

¿Cuáles son las consecuencias de esta manera de ver el mundo? En el caso concreto de México se puede resumir en una sola frase, atraso y subdesarrollo. Y lo peor, en vez de mejorar vamos para abajo; un incómodo ejemplo lo tenemos en Michoacán, Estado que tradicionalmente se ubica entre los más atrasados en el aspecto educativo y que ahora ha empeorado a niveles de escándalo por el agregado de una impresionante y generalizada corrupción.

Nuestra educación desde hace decenios esta por los suelos y como resultado México esta jodido, no terminamos de entender que la riqueza de un pueblo no está en su subsuelo con su petróleo, ni en sus hidroeléctricas, sino en la calidad y capacidad de sus hombres y mujeres, esto es, en su capital humano. Japón, sin una sola gota de petróleo (importa, diariamente, mas de 5 millones de barriles) y casi sin carbón, es la segunda potencia industrial del mundo. El Foro de Davos nos ubica en nuestra realidad, la calidad de nuestras instituciones educativas es mala, nos manda a los últimos lugares de los países evaluados. Igualmente, México es de los que menos invierten en investigación.

¿Les importa algo este panorama a nuestras autoridades?, es poco probable. Nada realmente efectivo y radical hacen para mejorar la educación, nuestras universidades siguen estando inmersas en la mediocridad, convertidas en fábricas de inempleables, la calidad de los egresados de las preparatorias es pésima, se siguen admitiendo comaladas de alumnos y para colmo con bajísimos promedios, en carreras sobresaturadas. Por si fuera poco, en los casos concretos de Michoacán y Oaxaca, se pierden semanas de clases por que así le da la gana a los que manejan al grupo “democrático”. ¿Y nuestros gobernantes?, bien gracias, ellos solo están preocupados por que no se altere su imagen de personajes sonrientes, conciliadores y “negociadores”. Pero resulta que gobernar correctamente no es sonreír, ni permanecer impasible o alargar negociaciones en forma indefinida. Gobernar es aplicar la ley y ya. Si un grupo de rijosos, llámese “Antorchos”, “Normalistas” “Democráticos”, “Atencos” o lo que sea puede poner en jaque a un gobierno democráticamente electo, pues no nos quejemos por seguir siendo una república bananera, llena de perdedores y perennemente dependiente de la tecnología y educación extranjera, por mas que griten “el pueblo unido jamas será vencido” y se agiten banderas con la imagen de Marx o el Che en cuanta toma, bloqueo o plantón se les ocurra hacer.

¿Autocrítica en México? No existe.

Alejandro Vázquez Cárdenas
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