En este momento en la superficie y en el fondo de la opinión pública nacional están pensándose, analizándose tres cuestiones muy impor6antes para la vida política, económica y social del país: la encabezada por el partido de la Revolución democrática sobre la reforma energética; la encabezada por el jefe de gobierno del Distrito Federal y, lateramente, por el partido acción nacional, sobre el incremento hasta cien pesos al salario mínimo nacional y la última, la diminución de las representaciones plurinominales en el H. Congreso de la Unión.

Las tres han movido no únicamente las conciencias, también las estructuras económicas y políticas del país, indicador de que la sociedad utilizará los pocos instrumentos que el mismo poder le he concedido para cambiar lo que considera que está mal y debe cambiarse. La sociedad está cambiando y ya no es la misma que ayer y por lo tanto ya no tan fácilmente aceptará las disposiciones impuestas por mayorías que no la representan, en la realidad.

La primera respuesta   de los lesionados en sus intereses es que no se puede, porque es una reforma constitucional que siguió todos los procedimientos legales y es inamovible, hasta que haya, legalmente, otro movimiento semejante en su procedimiento que la modifique. La segunda es que son electoreras.

Otra respuesta específica es que el salario mínimo generaría en la economía nacional inflación, respuesta ilógicas, y no deseadas, en el formato de producción, como desempleo, pago de salario sin prestaciones y carestía; tal vez sea cierto y la teoría económica ya sabe lo que pasará, pero sosténgase lo que se argumente, sí es necesaria una revisión al monto de los salarios, pues los salarios mínimo ya perdió su capacidad de y no alcanzan para nada y, además, deberá revisarse lo que está considerado como legal e indispensable en la canasta básica en el consumo natural de las familias, constitucionalmente hablando y considerarse que vestido, renta-pago de hipoteca y transporte, a más de diversión y distracción y cultura, también se pagan del salario y por tal motivo deben estar considerados dentro de ese subterfugio que es la canasta básica. Por otro lado por ciclos económicos, desde hace más o menos una generación la estabilidad social ha descansado en los obreros, en el factor fuerza de trabajo; ahora debe darse, pendularmente, un sacrificio entre todos factores de la producción y el capital también debe sacrificarse y cambiar la actual distribución de la riqueza producida: el sacrificio y sostenimiento de la estabilidad económica del país también debe descansar en los patrones y capital, no sólo en los obreros. Es necesaria una revisión y toma de decisión más equitativa. Sí es posible incrementar el monto del salario por arriba de la inflación, habiendo más producción y teniendo mejor distribución de la riqueza, Es estratégico para la economía del país. Además, sí es posible tener una economía sana inflacionaria. Estados Unidos la tiene y Corea.

Para nadie, salvo por los intereses de partidos, es desconocido que las representaciones minoritarias o de partido ya no representan a las minorías y que ese espíritu inicial se murió. Por otro lado, existen abusos y sobre representaciones; si comparamos el Senado norteamericano únicamente tiene 2 senadores por estado. Nosotros tenemos 4. Para la economía del país y, prácticamente, ante la inutilidad de 64 senadores, se debe cambiar. Si efectivamente son valiosos las posiciones de representación, ¿por qué no cambiar el formato, por ejemplo, dos senadores por mayoría relativa, pero elegidos individualmente, no en fórmula de pares, y el tercero para la representación de listas regionales y la desaparición de 100 diputados y dejar únicamente 400 en total: 300 por el principio de la representación de mayoría relativa y 100, pro el de listados regionales, o de partido?

La Suprema Corte de Justicia de la Nación dirá la convenie3ncia de la consulta, pero de que es necesaria, es necesaria.