La cuestión de seguridad social no es una cuestión únicamente de la tranquilidad y confianza de los miembros de la sociedad para salir a la calle, a trabajar, descansar y realizar sus rutinas familiares; no. También es la confianza, la percepción de vivir en un Estado de Derecho, de vigencia y prevalencia de las leyes, determinantes en la certeza para invertir, seguridad de que la aportación de todo tipo para favorecer la creación, desarrollo y sustentabilidad= maduración de empresas y esto va unido con la otra: van de la mano.

Acaso por esto es tan prioritario resolver este asunto: para que la sociedad en su totalidad esté en condiciones de dedicarse a las actividades productivas, familiares y de recreación, cultura diversión y deporte, y, por supuesto, de gobernar y distribuir la riqueza creada, retribuyéndola en servicios en cantidad y calidad suficientes.

Por circunstancias que no vienen al caso, ni es el lugar ni el momento para decirlo, estamos viviendo una etapa cronológica-social muy inestable, indicadora del cambio y de la crisis de desarrollo permanente de nuestra dinámica sociedad y, decirlo y aceptarlo sin conceder, acaso en algún momento, hubo omisión del Estado en algunos aspectos de la seguridad de la sociedad y la violencia y la inseguridad se han apoderado de nosotros, de nuestro pueblo.

En base a los datos de las instituciones públicas responsables de la concentración, representación y análisis de los actos violentos y de inseguridad registrados en el país, “durante el mes de junio del presente año, el 56.4% de los asesinatos relacionados con el crimen organizado se cometieron en Chihuahua, Guerrero, Veracruz, Esto de México y Sinaloa, donde ocurrieron 329 de los 618 homicidios contabilizados por MILENIO en el mes. Esta cifra comparada con los 652 registraros en junio del 2013 representa una disminución del 5% y con los 722 perpetrados en mayo, una disminución del 21.7%. Respecto a los 915 registrados en julio de 2013, la reducción de un año a otro es del 32.4%.”

Algo debe hacerse, pero no únicamente responder inmediatamente con la fuerza, lo que no se debe dejar de estar presente.

El Estado, a través de sus múltiples agencias e instituciones, lo mismo que la familia, los servicios escolares, las Iglesias, los partidos políticos, el aparato gubernamental, la publicidad, la propaganda, los factores de la producción, etc., están obligados a romper el círculo pobreza, incultura, bajísima escolaridad, incompetencia ocupacional=profesional cultural, bajo ingreso, nudos familiares, violencia y delincuencia.

Si bien es cierto mayoritariamente somos una sociedad con bastantes estándares de seguridad, también es cierto que debemos sostener y consolidar las condiciones de una percepción de sólida seguridad pública, que ya es asunto de seguridad estratégica nacional.