El llamado comercio informal siempre ha existido en todas las culturas de todo el mundo y en todos los lugares físicos o mercados; en nuestro país, aunque existe una visión cortesiana de un mercado Tlatelolco grandísimo y muy organizado, es muy probable que también haya existido el comercio informal y que, seguramente, habrá sido penalizado, como en todas las culturas; a partir de la Colonia fue evidente este tipo de comercio, pero fue tolerado y desde entonces está presente en nuestra vida cotidiana, aun en este mundo globalizado y neoliberal.
Se le califica de varios nombres, Sobre Ruedas, Informal y Tianguis, porque desde las primeras devaluaciones que cambiaron la economía nacional, cuando nuestro peso dejó la convertibilidad de $ 12.50 por un dólar –aproximadamente desde el sexenio de José López Portillo, continuó con Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari – e hizo crisis en el de Ernesto Zedillo Ponce de León, con los dramáticos errores de diciembre de 1994, que llevaron a nuestra moneda a una depreciación de tres dígitos y fueran necesarios una serie de medidas sanitarias económicas impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, el gobierno Federal estableció como paliativo, como medida para combatir la carestía de la vida, respaldar a los vendedores ambulantes, tianguistas y vendedores sobre ruedas; pareciera que desde ese momento político, el vender en la informalidad fue bien visto, tolerado; lo mejor que le ´pudo suceder fue que se le definiera como una opción para combatir el desempleo y está visto como una salida para la carencia de fuentes formales de empleo.
Esta definición – y respaldo político – originó que, en este momento el comercio formal, establecido, porcentualmente compita con el comercio informal y casi vayan de la mano disputándose quién tiene mayoría de comercios de su lado: el formal o el informal.
Lo malo, y grave, de esta lucha es que el comercio informal no paga permisos, impuestos, ni derechos y como casi siempre es de tipo familiar o de autoempleo, tampoco paga seguridad social, el fisco, el Estado deja de tener ingresos y si a lo anterior le sumamos que en gran porcentaje de este tipo de negocios se vende mercancía ilegal, pirata y de contrabando, el problema es mayor, digamos, mayúsculo. Razón por la cual varias administraciones han expresado la intención de regularlo, pero no han podido o no han pasado de la expresión a la acción.
Mas, en el marco de la más reciente Reunión Plenaria de la CONCANACO, Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, expresó que el gobierno federal le declaró la guerra a la informalidad, incluso con el garrote, es decir, con la aplicación de la ley e iniciará con el combate a la competencia desleal, la subvaluación y la triangulación de mercancías en sectores como el textil, calzado, turismo, detallistas y vestido; se enfocará en ocho sectores para que estos incrementen su productividad…en la lucha contra la informalidad se pondrá o la zanahoria – incentivos con paquetes que contemplen inclusión financiera y tener acceso a los programas financieros y crediticios – o el garrote para que muchos ilegales se incorporen a la legalidad.
Veremos si poco a poco esta política pública ofrece crecientes resultados favorables.






















