Producto de las desigualdades y desequilibrios en el formato económico aplicado en nuestro país desde el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado – el tan traído, llevado y mencionado neoliberalismo o etapa globalizadora del Capitalismo – en nuestro país se están agudizando las desigualdades e incidiendo en las clases sociales. Ciertamente esto no es nuevo; sucede en todos los formatos-sistemas económicos, en todos los países-imperios y naciones-Estados y en todos los lugares y tiempos, no es nuevo esto que está pasando, con estas modalidades económicas son más evidentes y la población es mayor y funcionan más y más diversos medios de información y conocimiento.
Si los problemas sociales que no se atienden exitosamente, favorablemente para los grupos sociales, tarde o temprano estallan y en nuestro país se están manifestando, ahora numéricamente, en las estadísticas: peses a los recursos asignados y a los programas aplicados existen más pobres, más miserables, más desigualdades, más rezagos, que se complican ante los cambios demográficos, tecnológicos, económicos y sociales del planeta que dada la llamada globalización y/o aldeanización de la economía y finanzas, incide, afecta a nuestro país.
Simplemente, ¿quién se ocupa hoy del bienestar de las personas?
Hace una generación y hacia atrás, era el Estado…ahora… ¿quién?
México lleva una generación bajo el modelo económico social neoliberal que privilegia el desarrollo de los mercados y de la inversión privada como motores del crecimiento y subordina la política social a proporcionar seguridad a esa inversión, al logro de la estabilidad económica y a intentar compensar algunos efectos sociales negativos del modelo.
Este modelo lleva la desestructuración del Estado como proveedor de bienes y servicios públicos para el bienestar y como regulador de los mercados y en cambio, lo transforma en agente regulador del conflicto social mediante transferencias directas de ingreso a la población más vulnerables: los pobres.
Ante las necesidades materiales, psico-afectivas, seguridad y culturales está visto y es sumamente sensible que ni la escuela, ni la familia, ni la religión, ni los partidos políticos, ni los representantes populares, ni la política, ni los grupos sociales organizados, las empresas y los medios de comunicación están cumpliendo a cabalidad sus funciones, fundamentalmente la familia, la escuela-educación y las religiones y la política están cumpliendo aceptablemente su función, pues ante la deficiente atención de esos sectores, los individuos sociales se refugian en la religión o en las clubes y grupos sociales, en los partidos y ante la saturación y recursos, no cumplen satisfactoriamente su función.
Y la presión social ahí está, acumulándose.
Si no funcionan las válvulas de escape, reventará.






















