Quien naciera el primero de enero de 1994 en San Cristóbal Las Casas, con el movimiento-guerra de las cañadas de Chiapas, conocido en la historia nacional como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, el subcomandante Marcos anunció su retiro.
A poco más de 20 años de entrar a la Historia, a la escena política nacional, al ciberespacio y a la leyenda, el Subcomandante Marcos, vocero del Movimiento Zapatista de Liberación Nacional, anunció la desaparición de su personaje para darle vida a Genaro, sargento insurgente: en la madrugada del domingo 25 del presente y en La Realidad, Chiapas, territorio zapatista, el vocero del EZLN hizo el formal anuncio de que a partir de ese momento “Marcos ya no era necesario”, principalmente por el relevo generacional del movimiento y por “la nueva etapa de lucha”.
Ahí en La Realidad, el Subcomandante Marcos informó: Marcos fue un personaje creado y ahora sus creadores, los zapatistas y las zapatistas, lo destruimos. No se heredará ni nombre ni cargo. (Marcos fue el nombre clave de la operación guerrillera iniciada el 1°. De enero de 1994 y correspondía a la primera letra de las cinco principales cabeceras municipales que fueron tomadas: Margaritas, Altamirano, Rancho Nuevo, Comitán y San Cristóbal Las casas).
Quien naciera inesperadamente, con lo súbito, inédito y espanto provocado por las acciones militares del movimiento armado en nuestro país y en Chiapas, pues no hubo coordinación en la figura que proporcionaría informaciones a los Medios de Comunicación en San Andrés Larráinzar y San Cristóbal Las Casas, su figura con pasamontaña, gorra y pipa de pro medio causó impacto pues se desconocía todo sobre él: era un secreto y atrajo la atención de todo el mundo; ese movimiento cuyo móvil fue una distracción pues ocultó el real motivo: guerra entre sectas religiosas, entre catequistas de las religiones en expansión y disputa de territorios y conciencias, finalmente terminó con la autonomía reconocida de facto, de 37 municipios – territorio zapatista en donde el EZLN es gobierno -, la amnistía general y las leyes de los derechos de los pueblos indígenas.
La imagen sin nombre, atrajo multitudes y simpatías de todo el mundo. Estaba en juego la estabilidad nacional. El país estaba inestable económica, política y socialmente y un movimiento armado que atrajo simpatía popular por muchas razones económicas y sociales podría evolucionar y exportarse a buena parte del país. Era útil resolverlo de raíz mediáticamente.
I
Los asesores de Ernesto Zedillo Ponce de León le recomendaron la identificación del ya legendario enmascarado – un producto de la publicidad y comercialización, para distraer – y el 9 de febrero de 1995, el gobierno Federal le puso nombre: Rafael Sebastián Guillén Vicente y se terminó el atractivo anonimato y la guerra de las Cañadas entró en liquidación, no sin conseguir las 37 autonomías indígenas, que a la fecha continúan.
A partir de este domingo 25 de mayo, Rafael Sebastián Guillén Vicente, tamaulipeco, se convirtió en un mito, que vivirá a pesar de su desaparición física.























