Cuando somos niños creemos ciegamente en las personas, sin cuestionar.

Cuando somos adolescentes, empezamos a cuestionar (de hecho desde cuestionar la propia familia).

Cuando somos adultos y hemos visto una serie de eventos, circunstancias y respuestas de las personas que creíamos que podían respondernos con su amistad, consejo, ayuda.

Tristemente no damos cuenta que no es así.

Ciertamente es entonces muy fácil decepcionarse, cuando uno tiene la idea de haber hecho de todo para ganarse el cariño y el respeto de los demás.

De adulto uno se da cuenta que no todos nos responden y quizá nuestro niño interior es el que más se decepciona. Y por más grandes que seamos: sentimos desencanto y duele.

Lo que quizá debemos ver es que todos somos seres imperfectos al ser seres humanos.

Todos de alguna manera le hemos fallado a alguien.

Pero ciertamente somos más duros con los demás y más benevolentes con nosotros mismos.

La falla o la falta de algunas personas al no poder dar lo mismo que alguien que da el 100% es una irregularidad en la relación.

Pero hay que entender que no todos pueden o están capacitados para dar respuestas de ayuda y apoyo como es lo que deseamos.

Es un buen consejo pensar que todos debemos estar siempre dando nuestro mejor esfuerzo, nuestra ayuda constante.

La compasión, el respaldo a los otros y no voltearnos o escondernos cuando podemos hacer lo contrario: acercarnos, buscar la buena voluntad en nuestros corazones y dar…sí, dar lo mejor de nosotros mismos, realmente ¿que nos quita?

Sino de que sirve la amistad y el apoyo, sino es para responder como noblemente nos comprometemos con los demás.

¿Porque no ser más proactivos en la ayuda, en la amistad incondicional?

¿Tenemos amistades fantasía?, ¿buscamos sin querer personas que simplemente ni piensan en nosotros y eso nos duele?

Y nosotros: ¿Damos siempre?, ¿o condicionamos nuestra ayuda a lo que nos conviene y salgamos ganando?

Si es así, entonces no estamos haciendo un gran trabajo como personas.

Veamos dentro de nosotros mismos y veamos fríamente que tanto somos capaces de dar sin estar esperando con condiciones ni salir más beneficiados.

Y si…la decepción es parte de la vida. Debemos a aprender a sobrellevarla de la forma más digna posible.

Y no dejar por lo pronto de nuestra parte, dar una mano, una sonrisa.

Eso nos va a servir a no sentirnos confundidos ni tristes. Veremos con claridad y sopesaremos lo que vale y lo que no vale la pena.

Recordemos que todo es aprendizaje.