Los fraudes, robos, clonaciones y otros delitos están a la orden del día dentro del sistema financiero mexicano, toda una clase de timadores y criminales proliferan en busca del dinero fácil.
Las autoridades tienen que hacer demasiado aún para proveer un marco de seguridad en las miles de operaciones diarias realizadas tanto en los canales visibles provistos por el sistema financiero como por la banca en línea.
También por el lado de la educación financiera de forma didáctica y precisa debe enseñarse a la gente a no caer fácilmente presa del engaño, no sucumbir ante los anuncios ni la publicidad basada en tentar la codicia, prometer altas tasas de interés, préstamos fáciles en cuestión de minutos a cambio de garantías que difícilmente la gente podrá recuperar.
Durante años hemos sabido de la existencia de pirámides, de los fraudes recurrentes de cajas de ahorro, fondos de inversión que desaparecen junto con miles de ahorros, algunos que quiebran definitivamente. A veces es increíble que algo tan tangible como el dinero simplemente evapore fuera de las manos de una lista de víctimas.
Y no es precisamente que suceda por arte de magia, para ello están los paraísos fiscales para dar todas las facilidades a quienes crean empresas fantasmas y empresas legalmente constituidas y desean borrar –en apariencia-, el rastro del dinero.
Mientras existan los paraísos fiscales mucha gente seguirá a merced de la industria del delito. Es necesario elevar las penas y castigos en el renglón de la delincuencia financiera.
Ahora bien, en su prevención, debe persistir una co-responsabilidad no podemos dejar que todo lo hagan terceras personas por nosotros, sobre todo cuando es tan lento avanzar en fortalecer la seguridad de las operaciones financieras.
Pero también me pregunto cómo podemos hacer para alertar a amas de casa, gente de la economía informal, personas que viven de hacer el aseo en casas, lavar, planchar, cuidar niños, etc. que no se les ocurra meter su dinero aquí o allá que se fijen muy bien en quién confían, dado que lo hacen únicamente de palabra en la mayoría de los casos.
En otros, caen en la tentación de guardar su dinero en empresas que ofrecen “el gancho” de los atractivos intereses por el depósito, les hace ilusión contar con un ahorro para determinado fin, para muchos es su primera vez y lo menos quieren es que les defrauden su dinero.
Aunque parezca increíble no todas las empresas o supuestas empresas que se anuncian y están operando cuentan con todos los papeles en regla o están debidamente constituidas.
En POR LA ESPIRAL siempre le insistimos, amigo lector, que extreme precauciones respecto de su dinero. No caiga en la tentación de aquellas empresas que con sucursales o por Internet ofrecen el oro y el moro, tasas de interés cuatro o cinco veces por encima de las del mercado.
Tampoco confiar en los mensajes de correo electrónico supuestamente del banco explicando una actualización de su base de datos por lo que solicitan los números de cuenta de sus tarjetas.
Asimismo desconfiar de las llamadas telefónicas que ofrecen descuentos en paquetes telefónicos, vacaciones prepagadas, boletos para una rifa o el anuncio de que ha ganado un auto, una casa, 100 mil pesos y que a cambio le piden un número de cuenta sea para el cargo del servicio o para el depósito del premio. A todas luces se trata de un fraude.
Parece que ningún esfuerzo es pequeño: reiteradamente tanto la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) como la Comisión Nacional para la Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (CONDUSEF) advierten de la proliferación de este tipo de delitos y piden a los usuarios del sistema financiero no dejarse engañar.
Cualquier publicidad demasiado atractiva debería ser atajada inmediatamente, en este terreno tendría que trabajarse en pro de que ninguna publicidad fuese anunciada sin previo permiso de la Secretaría de Gobernación y adicionalmente de la CNBV o de la Secretaría de Hacienda en caso de publicidad de empresas o servicios dedicados al rubro financiero.
Lo que debemos pedir son filtros mucho más férreos, de tal forma que los defraudadores no lo tengan tan sencillo, sino todo lo contrario.
En la actualidad hay mucha gente sin empleo, problemas económicos, enormes deudas y por otro lado, urgencia de liquidez inmediata y obtener dinero fácil.
Por ende, debe prevalecer la precaución no porfiarse del dinero “al minuto” ni dejar el coche en prenda o inclusive las escrituras de alguna propiedad. Esa puerta falsa podría ser el camino al infierno.
























