Envejecer implica, entre otras cosas, la creciente incapacidad del cuerpo de una persona de mantenerse por sí solo y realizar las cosas que hacía antes. Fisiológicamente las teorías del envejecimiento, todas, describen un proceso primario que implica cambios graduales e inevitables, relacionados con la edad, y que aparecen en todos los miembros de una especie. Este envejecimiento, que se acompaña de múltiples limitaciones, es normal y sucede a pesar de la salud, el estilo de vida y el carecer de enfermedades.

Con la sabiduría que dan los años, el adulto sabe, o debería saber, aceptar las limitaciones. Darse cuenta de cuándo aceptar el cambio y cuándo oponerse al mismo. Aunque eso sí, entendiendo que el paso a la tercera edad no pone fin, de ninguna manera, a la productividad de una persona.

El interés por la vida y el envejecimiento ha sido una constante en la historia de la humanidad, donde sobresalen dos aspiraciones; la inmortalidad y la búsqueda de la longevidad. La eterna búsqueda de la “Fuente de la eterna juventud”, presente en distintas culturas, refleja la preocupación por prolongar la vida. Vestigios de este mito persiste en la sociedad actual: en forma de masivo consumo de vitaminas (por ejemplo, vitamina C), onerosos (e inútiles) tratamientos anti-envejecimiento, dietas especiales, programas de ejercicio físico etc.

La vejez no es una enfermedad, es un estado de graduales cambios degenerativos, de lento desgaste, pero no es una enfermedad ni tiene que forzosamente debe venir acompañada de dolores ni angustias. Hay enfermedades propias de la vejez, lo mismo que hay enfermedades propias de la infancia; pero eso no quiere decir que la infancia sea una enfermedad, como tampoco es la vejez.

Se hace extremadamente difícil señalar cuándo comienza la vejez; esto se debe a las numerosas diferencias individuales que existen en el proceso de envejecer. El envejecimiento comienza temprano en la vida y las distintas partes de la anatomía envejecen a ritmos diferentes; un ejemplo es “arco senil” que aparece en los ojos de las personas viejas; generalmente tal cambio puede observarse alrededor de los 80 años, pero en otras personas puede notarse a los tempranos 50. Lo importante es la noción de que la vejez es resultado inevitable del deterioro orgánico y mental y tal deterioro se hace visible ya a mediados de la vida. De ahí en adelante, progresa a un ritmo acelerado.

La vejez es un proceso múltiple de declinación. Las investigaciones señalan que se empieza a envejecer mucho antes de los 65 años; ya para fines de la cuarta década hay declinación en la energía física, de paso también aumenta la susceptibilidad a las enfermedades e incapacidades.

Finalmente, de una manera inexorable, unos antes y otros después, viene la declinación general. El individuo acaba retrayéndose de las actividades; depende mucho de los que le rodean. Si las relaciones con otros son malas el anciano busca el aislamiento y la soledad. El temperamento puede tomarse agrio; aparecen nuevas enfermedades, pero el anciano no quiere constituirse en un estorbo. Y por si faltara algo; para los familiares, el hecho de tener la responsabilidad de personas mayores, constituye un serio impedimento para su estilo de vida y un estorbo para la realización de sus proyectos. Eso si tiene algo de responsabilidad, si no, sencillamente se abandona al anciano.

Viejo es aquel que ha llegado a su horizonte. Quien se estanca, ha envejecido; esto no significa que se pase por alto la cronología; se envejece porque transcurre el tiempo por encima de cada persona. Pero también se envejece porque se permite que el tiempo corra sin aprovecharlo como se debe. Hay quien se sienta a esperar la muerte sentado en un sillón o acostado en una cama, sin haber razón alguna ello. En casi todas las etapas de la vida, incluyendo la vejez, mientras el individuo sea autosuficiente, funcional y conserve su dignidad como humano, se puede dar más de lo que se ha dado.

A la fecha no existe remedio para la vejez; y si alguien no desea llegar a viejo, ni padecer sus consecuencias, el único remedio disponible a la fecha es morir joven. Nunca veremos una foto de Marilyn Monroe, James Deán, Pedro Infante o John Lennon de viejos. La imagen que tendremos de ellos será por siempre jóvenes