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La única guerra magisterial es la que sostiene Elba Esther Gordillo Morales con ella misma. Es la generala y la gran cacique del sindicato que solía reforzarse al inicio de cada sexenio con concesiones, prebendas y una andanada de recursos jamás auditada. Dueña y señora del corporativismo mexicano y algo más: acaso el personaje que representa el signo de la impunidad entre nosotros. Arrastrando cadáveres, imposiciones, marginaciones, abusos contra quienes disentían y rencor profundo contra cuantos tuvieron la osadía de intentar frenarla. Fue tan ambiciosa que lo quería todo: ser secretaría general del PRI y al mismo tiempo lidereza de la fracción parlamentaria de este partido en la Cámara baja sobre las reglas; y después, mantenerse como priísta a pesar de tener el engreído propósito de fundar otro, el PANAL, alegando la pluralidad de su gremio como arma de permanente chantaje.


Es todo un caso el de la”maestra”. Si el refranero popular alega que basta observar con”quien andas para saber quien eres”, resulta inverosímil analizar a los tres grandes consentidos de la mujer con mayor poder en nuestro país: Manuel Camacho Solís, Marcelito Ebrard Casaubón y Jorge Castañeda Gutman. Los dos primeros enrolados ahora a una izquierda amnésica, convenenciera y turbulenta en la que todos caben si cuentan con el apoyo del icono central o de cuantos son sus adversarios internos y ya no aguantan la arrogancia de López Obrador ni la de sus principales colaboradores, todos ellos frutos del salinato al que ahora detestan considerándolo el mafioso por antonomasia; ¿y no pertenecieron a este mismo grupúsculo Camacho, Ebrard y el ahora fogoso y fundamentalista Ricardo Monreal?.

Sobre Castañeda bien se sabe que habitó incluso uno de los pisos del edificio sito en Galileo número siete, en donde una sola vez conversó este columnista con la mujer en cuestión, mientras duró su largo y controvertido romance con Adela Micha, la conductora de Televisa que ahora es protegida por Carlos Slim Helú, protagonizando un escándalo en China cuando la parejita de tórtolos se le perdió al entonces presidente Fox siendo Jorge su Canciller. Las cosas del amor fugaz parecen no tener límites… hasta que la realidad las destruye y las aplasta. Lo cuento ahora que está tan de moda el tema de las correlaciones soterradas entre la mayor empresa televisora del país y la administración federal encabezada por Enrique Peña Nieto, como si tal fuese un extraño fenómeno sin antecedentes. ¡Por favor! Si ha existido alguien que ha invertido de sobra en esta cadena es la señora Gordillo y sus concursos”culturales” en los que los niños de primaria les dan un repaso a los ingenuos invitados de la farándula. Millonadas, claro, que nadie regula ni analiza.

Y por allá todavía persiste el trepidante caso del asesinato de Misael Núñez Acosta la noche del 30 de enero de 1981 cuando Elba Esther comenzaba su rápido asunción a la cumbre del SNTE. De este caso, la propia señora Gordillo me confió –“Nuestro Inframundo”, Jus, 2011-:

–“Misael era un líder popular, no un maestro. Nunca fue líder magisterial sino que buscó trabajo en el SNTE. Servía a las comunidades, a Ecatepec particularmente. No pretendía meterse en la lucha sindical. En esas circunstancias viene el caos en la seccional XXXVI. Yo buscaba que la dirigencia fuese representativa y no obedeciera a viejas tendencias (Es decir las avaladas por Carlos Jonguitud Barrios, su predecesor en el liderago). Recuerde que yo era una de las líderes más jóvenes entonces. Por eso la dirigencia magisterial no me veía con mucha simpatía. Y me mandaron a Oaxaca donde estaba más fuerte el movimiento sindical. Entonces en la XXXVI se inició un desbarajuste tremendo y pretendieron culparme por ello.

–Bueno, y en eso, a Misael y al obrero Isidoro Dorantes –repliqué-, los acribillan desde una camioneta. (Los pistoleros fueron: Rufino Vences Peña, Joel Vences Hernández y Jorge Mejía Pizaña).

–Ese día estaba yo muy enferma. Apenas podía caminar de la recámara a la sala. Me sentía mareada, verdaderamente mal. Encendí la televisión y escuché a Jacobo Zabludovsky dar la noticia; y, francamente, me estremecí.

–Y empezaron las conjeturas, maestra.

–En realidad nunca se supo que sucedió exactamente. (T eso a pesar de que los asesinos materiales fueron aprehendidos y declarados en el Ministerio Público).

Otra vez, el gran drama de México, el de la impunidad, se fundamenta en el desconocimiento, casi institucional, de las autorías intelectuales de los crímenes que marcan para siempre. Como en los rituales sangrientos contra Colosio y Ruiz Massie en 1994 o un año atrás el del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. Siempre aparecen los mismos hilos conductores. Por desgracia para la aplicación de una justicia siempre tuerta y la legítima satisfacción pública.

El hecho es que,”sin explicación”, como reseña la señora Gordillo, los cadáveres quedaron allí como si se tratase de escalones hacia el limbo del derecho, ese sitio en donde los privilegiados y cómplices del establishment jamás son molestados: lo mismo sucede con los ex presidentes que con algunos otros, y otras, bendecidos por la cúpula gobernante.

Igualmente le pregunté si volvería al PRI y en ello fue rotunda:

–Nunca jamás. Me corrieron de fea manera y jamás lo perdonaré.

Pero antes había financiado y fundado, de hecho, el PANAL –Alianza Nacional-, convertida en parapeto y en su propio feudo para negociar posiciones y medir lealtades sobre todo entre quienes vuelven al redil con las cabezas bajas y un perdón en los labios. Ella decide quiénes obtienen gracia y cuáles sólo su”justicia”, la de ella, implacable, a través ya de varios sexenios desde el arribo de Carlos Salinas al poder. Porque fue, no lo olvidemos, Manuel Camacho, en condición de regente capitalino por esos años y consejero político del mandatario-economista, quien optó por elevar a Elba Esther al firmamento aun cuando ella ya tenía bajo control al Sindicato Nacional de Educadores de la Educación y distribuía plazas, prebendas, créditos y bienes a cambio de la jura de lealtades, cual si se tratase de obtener una ciudadanía al amparo de la bandera y con ella como símbolo de la patria. La corrupción pasó por varias manos, cada vez más cercanas familiarmente, y por algunos de los hombres seducidos por el poder como suele ocurrir con ciertas mujeres que se emparejan a los altos funcionarios para ascender en estatus y fortunas.

Todos conocemos los casos, el de la”maestra” sobre todo. De ser inteligente, como ha demostrado en otras ocasiones, entendería que su hora ha llegado. Sencillamente perdió y ya no tiene a quien alzarle la mano porque su intervención en la campaña y en el conflicto poselectoral de este año fue mínimo; y cuando pretendió enderezar la brecha, con un mensaje de posicionamiento del PANAL previo a a la asunción presidencial reciente, bastante lacayuno, ya tenía Peña listo el discurso que pronunciaría más tarde en el Palacio Nacional sin los ecos de protestas ni el acecho de los provocadores. En un auditorio pleno, controlado y ajeno a las protestas. Y fue entonces cuando el mandatario lanzó el ultimátum que culminó hace unos días: una iniciativa de reforma educativa para censar a los maestros y exigirles someterse a una evaluación profunda en defensa de los intereses de los educandos, dos condiciones que la señora Gordillo siempre rechazó por considerar que, con ello, el Estado pretendía violentar la vida sindical. Cuidado. Los cacicazgos terminan cuando los excesos se evidencian y no pueden justificarse. Y en materia de autoridad moral sale perdiendo Elba Esther.

Debate

En la línea de Elba Esther Gordillo Morales, quien niega ser responsable de la educación deficiente en México, se inscriben otras dirigencias, por ejemplo la de MORENA en donde ya se encuentra uno de sus favoritos, Manuel Camacho, acaso con los brazos abiertos, que insiste en su inocencia respecto a los actos de barbarie callejera iniciados el primero de diciembre sobre a Avenida Juárez de la capital del país y otros brotes escandalosos, por ejemplo en Saltillo –muy castigada al igual que los Moreira, más que nada por su anticalderonismo y la ligereza con la que obtuvieron líneas de financiamiento asfixiantes con el visto bueno de la Secretaría de Hacienda encabezada en ese tiempo por el”presidenciable” panista Ernesto Cordero Arroyo, un imberbe en materia de truculencias aunque se pretenda aprendiz de brujo-, donde han aparecido algunos ajusticiados sobre los puentes de la ciudad… igual que cuando Humberto Moreira, al asumirse como presidente del PRI en marzo de 2011, la capital de Coahuila fue campo d batallas campales, a tiro libre, como una especie de aviso sin retorno.

¿Y todo esto va a quedarse así, en el limbo de la política? Ya hemos hablado de que son tan culpables quienes azuzan y provocan, gritan consignas y desbordan sentimientos y ánimos, que quienes dan seguimiento a las palabras sin detenerse en la barbarie. Cuantos crean el clima de linchamiento en una utópica pretensión de tomar el poder y dirigir al país en”dos, tres, seis o diez años” de acuerdo a los tiempos establecidos por López Obrador para hacer rendir los frutos de su largo, agobiante, liderazgo opositor. Una advertencia en toda forma que, de ninguna manera, puede guardarse en el costal de los desechos, más aún cuando se insiste en determinar quiénes han sido los represores: las fuerzas policíacas –bajo el mando de Marcelo Ebrard en la jornada inicial de peña Nieto-, o cuantos salieron del Ángel de la Independencia, desbordados, y enfilaron hacia la Avenida Juárez sin siquiera respetar el Hemiciclo al Benemérito, al que tanto dicen honrar Andrés Manuel…acaso como camuflaje.

Lo que no puede suceder, de modo alguno, es que demos la vuelta a la hoja cuando existen testimonios fotográficos escandalosos. Sé, por ejemplo, de una secuencia tomada durante el saqueo a la cafetería Wings por un sujeto que salió de la misma con cuatro botellas de licor; el mismo individuo –rubio y de barbas- fue fotografiado cuando encabezaba, precisamente las marchas en pro de la liberación de los inocentes –que sí los hubo- detenidos durante los desmanes. Desde luego, el individuo de marras debiera ser aprehendido y procesado aun cuando se diga dirigente estudiantil y se ampare en una fama pública que no debe deshonrar a los verdaderos jóvenes valientes que tienen derecho a alzar la voz contra la injusticia sin caer en el juego de los infiltrados manipuladores. No más sangre joven, por favor; México necesita a sus hijos, nuestros hijos, formados en el amor a México y su destino y no bajo el peso de parafernalias ajenas.

La Anécdota

Miguel de la Madrid, extinto ya, inició la costumbre de gobernar por la vía cibernética, arrellanado en sus sillones de Los Pinos, en busca de estadísticas y sondeos para adaptarlos a un discurso político hueco. Precisamente por ello surgió la fortaleza, en cuanto a la represión desbordada, de Manuel Bartlett y la Dirección Federal de Seguridad a su cargo.

¿Cómo puede este personaje perverso suponer que cuanta con alguna autoridad moral para oponerse a la desaparición de la Secretaría de Seguridad Pública para crear la Gendarmería Nacional integrada a Gobernación?¿Qué le preocupa de cuanto hizo cuando él utilizó esta”herramienta” de represión contra los líderes políticos y de opinión en el nefasto sexenio de 1982 a 1988?