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Vamos a ver. La mejor reforma fiscal posible es la recuperación de la confianza ciudadana; esto es: mientras los causantes perciban que sus impuestos son robados, mal administrados o sencillamente inutilizados con fines facciosos, serán reticentes a cumplir con sus obligaciones con el Estado y su gobierno. Máxime cuando se evidencian, sexenio a sexenio, largas etapas de colusión e impunidad que afrentan a todos. Un ejemplo palpable es el de las deudas contraídas por varias administraciones estatales sin que exista precisión respecto a lo invertido; y aún en el caso de derramas en infraestructura, el deber principal de un gobernante que se precie es, precisamente, dejar saneadas las finanzas para tranquilidad no sólo de su sucesor sino de los gobernados.

Vayamos a Veracruz, entidad desde donde muchos ejemplos se han dado. En el periodo entre 1980 y 1986, el mandatario, Agustín Acosta Lagunes, hábil economista y austero como pocos, optó por enfrentar los riesgos de la especulación con los dineros del erario público. Así las cosas, durante sus primeros años detuvo la obra pública, o la hizo mínima, mientras esperaba la multiplicación de los recursos… en la Bolsa de Nueva York. Para fortuna de todos, de él mismo naturalmente, la experiencia fue muy positiva y los fondos se multiplicaron lo suficiente para realizar infraestructura primermundista, construyendo puentes de alto calado –el de Coatzacoalcos, llamado Enrique Bermúdez, era uno de sus orgullos-, además de recuperar los centros históricos de varias ciudades y fundar el Museo Arqueológico de Xalapa que, por sí solo, ha merecido el reconocimiento internacional. (La guía”Michelín”, por ejemplo, concede al sitio tres estrellas, esto es la máxima distinción que no alcanzan centros urbanos enteros como algunas capitales estatales). Fue un tremendo desafío y le salió estupendamente. ¡Ah, qué Don Agustín! Y presumo, de veras, haber sido su amigo y discípulo: ¡cuánto me enseñó sobre la economía real de los mexicanos! Su muerte, en abril de 2011, fue para muchos uno de los tristes sucesos del año anterior.


En el presente, el gobernador Javier Duarte de Ochoa juega otra vez a las vencidas con la Bolsa Mexicana de Valores y ha puesto la deuda de la entidad como capital bursátil con el propósito de venderla a precios bajos y reducirla al finiquitar los intereses asfixiantes que, tantas veces, la vuelven impagable en los términos con las que fueron signadas. Es una buena maniobra recibida con beneplácito por los bolseros y en especial por Luis Téllez Kuenzler, ex secretario de Comunicaciones y Transportes durante largo lapso del calderonismo, experto en estas maniobras y uno de quienes coincidió con el gobernador para hacerle tomar impulso y asegurar con ello la reducción de todo tipo de encajes. Perdónenme los economistas sabios si no utilizo su estricto y tecnócrata lenguaje. En lo político, Duarte comenzó a liberarse de una asfixia de la que no es responsable porque no la contrajo y fue rezago heredado.

La ciudadanía no puede ser ajena a estos movimientos. Por eso hizo bien Duarte en publicitar la entrega de la deuda veracruzana a los juegos bursátiles. Pero, igualmente, es inconcebible que los mandatarios –sea el federal o los estatales- contraigan compromisos con acreedores del exterior sin siquiera informar a los mandantes –la sociedad en conjunto- de sus determinaciones que comprometen el futuro de todos. Este es su pecado mayor; y el de la comunidad, sin duda, tiene que ver con desentenderse de las inversiones sospechosas y sólo levantar la voz cuando ya no hay remedio para ellas. La vergüenza salpica a cada uno de nosotros.

Por ello, en 1982, luego de que asumiera la titularidad del Ejecutivo el tecnócrata Miguel de la Madrid, el maestro Ignacio Burgoa Orihuela denunció al ex presidente José López Portillo –tengo copia del documento porque el maestro quiso que la mantuviera viva lo que he procurado cumplir-, por haber endeudado al país con acciones jurídicamente nulas –igual que la asunción incorrecta de Peña Nieto quien omitió una frase importantísima del texto constitucional al protestar ante el Congreso, más atento a las injurias y los aplausos que al sentido formal de la ceremonia-, por una sencilla razón: hasta entonces, la Constitución ordenaba que cualquier empréstito contraído debería ser destinado en su totalidad”a obras de interés público”, esto es a favor de crear infraestructura, y así demostrarlo. No podía pedirse prestado, por ejemplo, para resolver la asfixia de liquidez del gobierno o cubrir algunas fugas inconfesables como hizo López Portillo al observar los agujeros heredados por la administración de Luis Echeverría quien, al parecer, tiene más vida que un gato a sus noventa y un años.

Nada logró Burgoa por la preeminencia del presidencialismo y sus reglas de oro, entre las cuales proteger a los ex mandatarios es casi sagrado porque, se entiende, que con ello se preserva la fortaleza del sistema. Lo hemos dicho recientemente: esta falacia es insostenible si observamos la perspectiva de otras naciones, con mayor madurez democrática incluso al sur del continente, en donde los juicios a los ex presidentes han hecho el”milagro” de recuperar la confianza general en las instituciones, entusiasmando a cuantos consideran que se hace justicia contra los grandes predadores y no se permite que roben de manera inmisericorde y se vayan tan campantes a sus casas asegurando no sólo el porvenir de los mismos sino de varias generaciones con sus apellidos. No hay vergüenza mayor en los escenarios públicos de México que el surgimiento de una nueva aristocracia con idénticos privilegios a las de otros tiempos: hasta se matrimonian entre sí para consolidar haberes e influencias a costa de los demás. ¡Y ni siquiera importan las filiaciones partidistas en una verdadera catarata de contradicciones!

Es en este punto sobre la que la sociedad debiera estar muy pendiente porque mucho depende de ello el porvenir de las nuevas generaciones. ¿O acaso, por nuestro desinterés, vamos a dejar que nuestros hijos y nietos corran la senda de la explicable exaltación juvenil –como la del grupo #Yo soy 132, infiltrado o no, pero con chicas y chicos dispuestos a llevar sus voces hasta las últimas instancias, vadeándose de amenazas autoritarias y discordantes-, hasta que la sangre, Dios no lo quiera, vuelva a correr por las calles de las ciudades mexicanas? Nadie, estoy seguro, desea tal perspectiva para nuestro país, ya de por sí violentado por los interminables intereses de las mafias.

Y mientras todo ello ocurre, me llega una información indignante: el ex presidente calderón –minúscula-, asesorado por Antonio Solá Recquer, el catalán a quien felipe –minúscula- regaló la ciudadanía mexicana, adquirió un palacete en una de las”calas” de la costa de Cataluña cuando esta autonomía comienza su andar hacia la independencia –movimiento, al parecer, irreversible- y es factible pasar desapercibido mientras se desgarran allí por la torpeza incalificable de negar sus orígenes infamando cuanto sea español, desde las corridas de toros hasta los pendones monárquicos, en plena fiebre nacionalista con el equipo de fútbol de Barcelona como punta de lanza; acaso, en dos años más o menos –un lapso parecido al que ofreció López Obrador para intentar la toma del poder en México-, la liga hispana se divida irremisiblemente y el arrogante Barsa juegue puros encuentros… a la sombra de su poderío. ¿Cuántos millones de euros les ha costado tal preeminencia? Bien lo sabe la FIFA, la única mafia equiparable a los cárteles que dominan gran parte de los territorios en las naciones más consumidoras de drogas, empezando por estados Unidos y siguiendo por el corredor europeo que se abre, precisamente, en España.

Debate

¿Cómo complacernos en pagar impuestos si tenemos conciencia de que nos roban? Esta es la interrogante que surge en muchas conciencias, cansadas de los despilfarros gubernamentales y de financiar residencias pomposas en el extranjero para los ex mandatarios mexicanos, como en el caso de calderón –minúscula-? Hace unos días, mi amigo, el periodista David Cascos, me dio la primicia sobre la adquisición de la mansión catalana de los calderón –minúscula-. Pero, ¿hay alguien que investigue judicialmente al predador anterior o sólo nos vamos a quedar, otra vez, con las denuncias periodísticas que acaban por hacer historia cuando los protagonistas han pasado ya?

Se los digo de verdad a mis amables lectores: nada resulta más frustrante que señalar, oportunamente, a tiempo, las desviaciones de los malos funcionarios y ser desdeñados por los mismos aduciendo que las críticas son viscerales y conllevan alguna maledicencia; y luego, transcurridos los años, resulta que aquellas acusaciones se confirman aunque no se actúe contra los verdaderos responsables.

Y doy un ejemplo: la cinta”Colosio”, dirigida por Carlos Bolado en seguimiento de algunos textos que lo plantean hace años, entre ellos algunos de mi autoría, fue la más taquillera, entre las mexicanas, de 2012. No hay ninguna otra que pueda acercársele. Y en el fondo de la trama pervive la tremenda sospecha contra el entonces coordinador de la Presidencia, el franco-español Joseph- Marie Córdova Montoya, y por derivación se toca igualmente al ex mandatario Carlos Salinas, como presuntos autores intelectuales del magnicidio… con continuidad con el crimen contra Francisco Ruiz Massieu quien, en apariencia, desenmascaró a los operadores de Córdova y a éste mismo a costa de su vida. Recuérdese que Ruiz Massieu, ex gobernador de Guerrero señalado para integrar un sitio elevado en el gabinete presidencial del sucedáneo Zedillo, acaso para cubrirse las espaldas, fue cuñado de Salinas e incluso hay quienes aseguran, no sin pruebas, que la interrelación entre ellos llegó a mucho más.

Mientras no se aclaren en definitiva sucesos como los narrados, ninguna reforma fiscal se fundará en la confianza de los mexicanos. Y debiera saberlo el doctor Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda y Crédito Público.

La Anécdota

Cuenta la película”México de mis Recuerdos” que Don Susanito de la Flor y Cremallera –espléndidamente interpretado por Joaquín Pardavé-, pidió a Don Porfirio, como única gracia, saludarlo a su paso por la calle de Plateros, hoy Madero. El dictador cumplió su palabra y Don Susanito logró, con ello, una posición social envidiable.

¿Han cambiado los tiempos? Quiénes semblantean a Peña Nieto, por ejemplo, son los modernos Susanitos, dispuestos a arrastrarse con tal de conseguir alguna gracia que les permita vivir del presupuesto. Estamos detenidos en la historia. ¿Sólo por culpa de los malos gobernantes? Contesten, en conciencia, tantos arribistas.