“Queremos vecas”, rezaba un letrero, garabateado con pintura de aerosol en una banca de céntrico jardín; abajo, como responsable de este reclamo, las siglas de una de tantas “Casa del estudiante”. Pero eso no es novedad; tanto en las marchas de los violentos y consistentemente impunes anormalistas, de los “maestros” democráticos o los integrantes de organizaciones que desquician la vida de Morelia, podemos observan su nivel educativo, cuando menos en lo que se refiere en ortografía. Ejemplos sobran, visibles en cualquier pancarta, manta, pared o superficie susceptible de ser pintarrajeada. Evidentemente el problema no es exclusivo de Michoacán, se ve en prácticamente toda la república, sin que eso nos sirva de consuelo.

La ciudad de Morelia es víctima, un dia si y otro también, de esos grupos beligerantes que remotamente tienen relación con la educación. Digo remotamente pues todo indica que lo ultimo que les importa a estos personajes de precisamente la calidad de la educación en el Estado, “calidad” que nos tiene hundidos en los últimos lugares del país. Pero lo más deprimente es comprobar la extrema tolerancia, ¿o miedo? que las autoridades tienen para con estos delincuentes. En la propia cara de las “Autoridades” (es un decir) estos violentos especimenes pueden robar, secuestrar, quemar, bloquear vialidades, humillar pasaje etc. sin que nadie les diga o haga nada. Eso en correcto español tiene un nombre, cobardía.

Observar las marchas y plantones nos permite calibrar, aparte de la vergonzosa cobardía de las autoridades, la capacidad de convocatoria que tienen determinadas organizaciones, y por lo tanto el grupo o partido que las patrocina. Secundariamente podemos confirmar la facilidad para manipular las masas, sean estas de trabajadores, estudiantes, campesinos, desempleados, precaristas, etc. Los integrantes de esas masas se dejan guiar, acríticamente, por lo que les dice su líder, secretario general, delegado o comisionado, y como buen integrante de toda masa no utiliza su inteligencia, si es que la tiene, simplemente deja fluir sus emociones e instintos. Todo esto independientemente de lo justo o injusto de las demandas, de lo bien o mal fundadas que se encuentren las quejas y reclamaciones.

Observar detenidamente a buena parte de los integrantes de estos grupos nos hace reflexionar que quizá tenía razón el criminalista italiano Cesare Lombroso, al consignar sus apreciaciones sobre las características antropométricas de las personas y correlacionarlo con la personalidad y conducta. Esto aplica tanto a los integrantes de la CUL, los “antorchos”, la recua de ignaros que denigran las marchas del 2 de octubre, pero sobre todo, a la horda de agresivos integrantes del magisterio autollamado “democrático”, y su metástasis, los anormalistas. Ya lo he dicho y lo reafirmo: No han incendiado el Palacio de Gobierno solo por que no les ha dado la gana. Nadie, absolutamente nadie se los va a impedir. El miedo de las autoridades es paralizante.

Lo criticable en la mayoría de las marchas, bloqueos, tomas y plantones es que, escudándose en su innegable derecho a manifestarse, pretendan violentar y si se puede, suprimir, por el tiempo que a ellos les dé la gana, el derecho que tiene la ciudadanía al libre transito en las vías públicas y al uso de edificios públicos. Pocas cosas causan mas irritación a la ciudadanía que contemplar a una horda que parece escapada del filme “El planeta de los simios”, bloqueando indefinidamente una vialidad o la entrada a un centro comercial como esta semana sucedió y comprobar la ineficacia de las “autoridades”. La duda surge, ¿Para que sirven esas “autoridades”? ¿Por qué tienen el cinismo de cobrar por algo que no hacen, que es garantizar el libre transito? Cuando se tiene miedo, mejor se escoge una actividad mas tranquila, como estilista o modisto.

La inmensa mayoría de los mexicanos apostamos por la legalidad y el orden, y lo último que deseamos es que pequeños grupos, que no representan mas que a sí mismos, pretendan imponer su particular interés y visión por sobre los millones de ciudadanos que no estamos con ellos.

Ad. Bien por la federación, cae el primero, pero este no actuaba solo, faltan otros y algún “ex”.