Jesús Reyna tiene un expediente muy amplio tanto en su vida estudiantil como en la profesional. Es y ha sido un funcionario público que ha trascendido más allá de las fronteras del Estado de Michoacán. Nos hemos conocido por la participación que en asuntos públicos desarrollamos y nos saludamos con respeto y atención no obstante nuestras diferencias políticas, pues tenemos coincidencias como es el objetivo de tener un mejor Estado que satisfaga verdaderamente las necesidades principalmente de la gente más lastimada y que suman millones. Seguro estoy que deseamos un México independiente y verdaderamente soberano; soñamos en una nación no sujeta ni a las presiones y conveniencias del poder económico desnacionalizado que no se cansa de acumular más riquezas para aparecer en la lista de Forbes y que son los que presionan a efecto de manejar, ya sea por ellos mismos o por intermedio de sus socios imperialistas, la economía nacional que ya controlan y que el Estado Mexicanos prácticamente en subasta de garaje, en charola de plata, se las ha regalado. No contentos, anhelan las industrias emblema de México: la petrolera y la eléctrica.
La diferencia específica con mi amigo Reyna, es que el cree o le conviene creer que en el partido al que ha pertenecido durante muchos años está el sendero a seguir. Como michoacanos, como funcionarios públicos, sabemos cuál es el verdadero problema que se tiene en el Estado y en la República: la pobreza y la marginación y la corrupción del Estado Mexicano, que ha obligado a la población joven a integrarse en las diferentes organizaciones criminales en las que, por años, han sido y son toleradas por las autoridades federales.
No es novedad lo que escribo, lo hizo reiteradamente el michoacano, Manuel Buendía, reportero y columnista que durante muchos años y que hasta antes de su asesinato escribiera en La Nación (órgano de el Partido de Acción nacional), en Excélsior y denunciara a través de su columna “Red Privada” las redes de cooperación entre la CIA y el Estado y la serie de anomalías oficiales, la tolerancia para los Durazo Moreno, los grandes saqueos, fraudes y corrupción que ocurría.
Durante 26 años, Manuel Buendía relataba la intromisión de la CIA en México y de la tolerancia de las autoridades con esta agencia. Delataba la conducta de la peligrosa Dirección de Seguridad y, mencionaba la conducta inadecuada del general Juan Arévalo Gardoqui, Secretario de la Defensa Nacional. En fin, denunciaba constantemente la la corrupción gubernamental y el contubernio de la policía en general con el crimen organizado, fue asesinado el 24 de mayo de 1984, sin esclarecerse quien fue realmente el que ordenó se perpetrara el asesinato del periodista michoacano.
En Michoacán, ha sido de la conocido de la opinión pública, que un buen número de aspirantes a las diferentes posiciones políticas en juego, recurren en demanda de ayuda económica a sus familiares, amigos o simpatizantes sin conocer plenamente a que se dedican y de dónde provienen sus recursos; No es de extrañar, que más de alguno tengan liga con algún familiar “que ande fuera del corral” y no por ese lazo tenga que ser sujeto a que le juzgue y se le castigue. Lo que sí es deber del Estado Mexicano, es aplicar las leyes irrestrictamente, pero no “ser arraigado” por simples suposiciones.
Ya con anterioridad tuvimos UN MICHOACANAZO, en el que varios funcionarios públicos estuvieron encarcelados injustamente y con resultados trágicos para la familia de uno de ellos, como fue el caso de Mario Bautista, quien con anterioridad a ser “arraigado” fue asaltado en su propio domicilio por la policía federal, robado algunas de sus pertenencias y golpeado, siendo en ese entonces Director de Policía del Estado. Posteriormente, fue con otros funcionarios, llevados a un penal de alta seguridad en dónde se le impidió atenderse de un cáncer. Meses después, trasladados al penal de Morelia, de allí fue enviado al Hospital para su atención. Por esa atención tardía, recientemente falleció.
,Me parece que ha sido un grave error, que siendo Jesús Reyna Secretario de Gobierno haya sido arraigado. Las condiciones del Estado no dan para éso y por el contrario, se requiere más tino, más tranquilidad y mucho mayor respeto para las autoridades que legalmente fueron elegidas. Los que han venido comisionados, por consiguiente están obligados, sí a cumplir con su encomienda, pero más, mucho más, a respetar la Soberanía del Estado, la autonomía de las autoridades legalmente constituidas.
Michoacán no está para ser un laboratorio de pruebas, ni los michoacanos para ser conejillo de indias, por que este experimento, puede convertirse en otra pesadilla para el país.























