Según parece, no va a terminarse el mundo… por ahora. Los malos intérpretes de la cosmografía maya hicieron su”diciembre” extendiendo el pánico entre los ingenuos, sobre todo los estadounidenses que creen cualquier cosa acostumbrados a las ficciones más desorbitadas desde que Orson Welles anunció el arribo de los marcianos a Nueva York hace ocho décadas, y provocando que algunos se endeudaran, más de la cuenta, para vivir el”final” en plena apoteosis de antojos. La”cruda” realidad, la de enero venidero, les llegará con fuerza inusitada y, entonces sí, no faltarán quienes se acaben su propio aire para partir de este mundo por su cuenta.
Mientras, los mexicanos atestiguamos el genial espectáculo de la impunidad. El señor calderón –minúscula-va y viene desde Harvard para”refrendar” su militancia en el PAN; no vaya a ser que a alguien se le olvide con tan buenos saldos para su partido como parte del legado familiar. Une vergüenza, sin duda, que los mayores observatorios del planeta no lograron captar a tiempo, lo mismo cuando cayó el meteorito de Chicxulub y los dinosaurios no tenían capacidad siquiera para construir radares ni armas nucleares para reventarlos como en algunas de las cintas de la gran industria cinematográfica estadounidense, una de las que casi acapara Hollywood a costa de desdeñar las de cualquiera otra parte del mundo con el camuflaje, claro, de unos cuantos premios distribuidos estratégicamente. Así actúan todas las mafias conocidas. Igual la FIFA… y hasta la Santa Sede cuyos secretos, algunos de ellos revelados en”Las Cartas Secretas de Benedicto XVI” de Gianluigi Nuzzi, a quien el mayordomo papal envió los documentos que yacían en el escritorio del Pontífice, estremecen a quienes tenemos necesidad, casi por obligación familiar, de ser creyentes.
Alguna vez mi padre, quien murió más bien joven por gracia de un sistema incorregible que no se detiene jamás cuando se trata de silenciar a sus críticos peligrosos, me dijo:
–Si Dios no existe… por algo lo inventamos los hombres.
¿Miedo a la muerte, nada más? Más bien, temor a no ser dignos de nuestras vidas y ser sancionados cuando llegue el final, por la historia y por cuanto exista después en la ruta del espíritu. Las dos sendas, sin lugar a dudas, espantan cuando se carece de fe, lo mismo cuando se pierde la credibilidad de los gobernantes que sancionan a sus gobernados, desviándose de lo trazado y prometido, incluso para caer en el abismo del genocidio.
En este mismo espacio, por ejemplo, hemos citado, muchas veces, a mi egregio maestro Ignacio Burgoa Orihuela, muerto en noviembre de 2005 cuando este columnista se encontraba en Oaxaca compartiendo mesa con el gran Rius –todavía la anarquía no se apoderaba de la entrañable verde Antequera-, en cuanto a su denuncia contra José López Portillo –en 1982- por el delito de peculado contra la nación con base a la celebración de empréstitos no destinados a obras de infraestructura, como ordenaba entonces la Constitución como condición para suscribirlos, y por tanto nulos de origen. Siendo quien era no mereció siquiera una respuesta digna por parte de la autoridad judicial ni de los copados Ministros de la Corte. Una vergüenza para la autonomía entre los poderes de la Unión, supuestamente vigente.
Otro ex mandatario denunciado, por genocidio dada su presunta participación en las matanzas de Tlatelolco en 1968 y del Jueves de Corpus en 1971, fue Luis Echeverría, con elementos probatorios incontestables que obligaron a arraigarlo, durante dos años, en su espléndida mansión de San Jerónimo en donde murió su esposa, una gran dama, María Esther Zuno, de quien guardo innumerables buenos recuerdos. Pero echeverría –pongámoslo en minúscula como solía hacerlo Gustavo Díaz Ordaz al referirse a él; tengo pruebas epistolares de ello-, fue otra cosa y su carrera por la Presidencia le hizo caer en excesos brutales que el tiempo no borró. Por ello su exoneración supo a complicidad –bajo los gobiernos de derecha que no interpusieron recurso alguno de apelación demostrando con ello su negligencia en extremis y su absoluta ausencia de probidad republicana-, y no a justicia.
En el mismo camino, y aprovechando que calderón –minúscula- va y viene como si nada debiera, un grupo de académicos interpuso denuncias penales, por genocidio, contra los ex presidentes Vicente Fox y el citado líneas arriba. Sólo que en este caso, el presunto delito se refiere a lo económico y no está previsto como tal en ninguno de los códigos penales vigentes, a nivel federal y en cada una de las entidades. La base de la querella tiene que ver con el incremento irresponsable de la deuda externa –por lo que coincide con lo delineado por Burgoa contra López Portillo, lo que significa la existencia de un antecedente de enorme envergadura-; sólo calderón –minúscula- hizo crecer 162 por ciento la deuda externa alcanzdo, nada menos, los 7 billones de pesos, bastante más –tres veces, cuando menos-, a las reservas internacionales de las que tanto presumió su gobierno: 162 mil millones de dólares, con cuatro mil millones en oro bajo custodia de las bóvedas de Arizona, en los Estados Unidos.
Es evidente que el caso no procederá por ausencia de legislación al respecto. ¿Y qué sucederá con los 83 mil asesinados por los enfrentamientos entre mafias, la mayor parte de ellos inocentes, y cuyo número podría llegar, si el recuento confirma las estimaciones de algunas ONG europeas, a ciento treinta mil, una cifra muy superior a la lista de quienes cayeron en la Plaza de las Tres Culturas? Éste sí es un genocidio, político, social y económico –por cuanto el daño causado a familias y al país en su conjunto-, mientras aquel mandatario, que no presidente, disfrutaba de las tardeadas en Los Pinos al lado de sus hombres fuertes de seguridad: el nefasto Genaro García Luna, ex secretario de Seguridad Pública, y el general Guillermo Galván Galván, ex secretario de la Defensa, quien también está en la mira del nuevo titular del ramo, el general Salvador Cienfuegos –con nombre esperanzador y apellido de guerrillero, uno más de los eternos contrastes nacionales-.
Casi fue el fin del mundo, pero sobrevivimos. Igual que en abril de 1989 cuando, cinco meses después del término de su mandato, visité a Miguel de la Madrid, intentando indagar sobre los crímenes contra periodistas y salí convencido, al lado de mi entonces adolescente hijo mayor, Carlos, y de mi editor Rogelio Carvajal Dávila, de que habíamos estado parados sobre las ruinas del establishment. Rogelio fue más preciso:
–No entiendo –me dijo-, luego de haber hablado con éste que los edificios estén de pie y los automóviles continúen circulando luego de su sexenio. Deberíamos estar todos muertos.
No fue así, por fortuna. Y tampoco se acabaron a México los gobiernos de derecha posteriores –con el largo lapso de Salinas y Zedillo, otros dos grandes predadores ahora igualmente refugiados por sus contactos con el gobierno de Washington-. La verdad me resulta difícil prever cuánto más podríamos aguantar. Y no quiero hacer malas vísperas con Peña Nieto de gira; sigo otorgándole, acaso ingenuamente, el privilegio de la duda. Total: privilegio tiene sílaba inicial al”pri”, pongámoslo igualmente con minúscula para que nadie se enfade por el momento; ya veremos después.
Pero ni México y el mundo van a terminarse hoy. Lo aseguro porque provengo, aunque haya nacido en mi querida Tampico y me sienta orgullosamente tamaulipeco, por sangre, de la tierra del Mayab: de allí son mis padres y mis hijos mayores mientras el caminante sigue sus pasos en busca de la Xtabay.
Debate
Les cuento que en Italia, una estudiante de Aguascalientes tuvo una experiencia por demás curiosa. Observó que en el elevador de un centro comercial, dos señoras, de origen rumano –lo supo por su lenguaje vestimenta peculiares-, se dedicaban a asaltar, con la mayor tranquilidad, a cuantas personas utilizaban el aparato sin percatarse de la presencia de ellas. Nuestra coterránea tuvo la suerte de mirar antes un atraco y se desistió de ahorrarse las escaleras. Asustada, sin embargo, recurrió a uno de los”Carabinieris” –así se nombra a los policías por allí- que estaban apostados a pocos metros del sitio y le pidió que interviniera dado el descaro con el que actuaban las facinerosas. La respuesta la dejó helada:
–Mire usted, señorita. ¿Puede usted ver a esos dos señores que están en el pilar?¿Y aquellos otros que esperan frente a la tienda?¿También a esos cuatro que están en la puerta de entrada? Pues todos ellos pertenecen a la misma banda. Si yo intervengo me matan y se llevan por delante igualmente a otras personas inocentes como usted. Yo tengo esposa e hijos y me pagan muy poco por estar aquí. ¿Para qué me arriesgo? Y le recomiendo una cosa: suba por las escaleras y olvídese de todo esto. Arrivederci.
La joven coterránea no se animó a averiguar por qué no llamaba a su central para proceder contra la tal banda en toda forma, puesto que ya tenía identificados a los principales actores. Con esta impresión, tremenda por decir lo menos, optó por acortar su estadía y volar hacia lugar seguro.
Por desgracia, la marea de las pandillas de Europa del este, sobre todo ahora que naciones como Rumanía y Bulgaria ya han sido admitidas como miembros de la Unión Europea, se extiende por los países con mayor capacidad de asimilación de inmigrantes, como España, en donde hay conciencia real de las aportaciones de quienes llegan a buscar trabajo y obtienen plazas para realizar las labores que los nativos desprecian por los riesgos inherentes y las bajas percepciones. Lo mismo que sucede en Estados Unidos con los”indocumentados” provenientes del sur, sobre todo de México, con todo y los muros de la ignominia.
Desde luego, aun con rezagos perniciosos, una sociedad que confía en sus policías puede sentirse sana. Incluso cuando el diagnóstico general sea muy negativo por el acecho de los mafiosos.
La Anécdota
Los animalistas, es decir quienes equiparan a sus mascotas con los seres humanos en una tremenda deformación moral, pueden sentirse felices. Una empresa de Oregón, Psyche Cremation Jewerly –Milenio, viernes 14 de diciembre-, se dedica a cremar a los”compañeros” de cuatro patas para luego introducir sus cenizas en camafeos, medalleros, dijes y pendientes… para que así puedan llevarse toda la vida unidos al pecho de los”deudos”, una enorme cursilería que se antoja, ésta sí, catastrófica para mujeres y hombres por la tendencia a interrumpir el círculo de la naturaleza obligándonos, por ejemplo, a dejar de consumir carne.
Han de ser los mismos”humanistas” que se colocan en las puertas de las plazas de toros –jamás los he visto en prisiones y orfanatos- demandando el fin de la”crueldad” taurina sin entender la esencia vital de la tauromaquia como lección existencial y representación de la naturaleza viva ante el carácter y resistencia de los hombres.
























