América no tiene una exhibición impecable, pero sí la más implacable. Se mete al Estadio Omnilife y destaza a las Chivas: 0-4 el veredicto final. Dos goles de Luis Gabriel Rey, uno más de Raúl Jiménez y la humillación a cargo de Quick Mendoza, cierran un dominio táctico absoluto en la cancha, y explota los absurdos y penosos errores defensivos del Guadalajara en las cuatro anotaciones.
De esta manera, América se trepa en la tabla de posiciones, se mantiene en la zona de liguilla, perpetra una mofa sobre su acérrimo rival en su propio corral, y además se nutre anímicamente con la victoria y con lo ostentoso del resultado.
Además, de las tres últimas visitas del América al Omnilife, se ha llevado tres victorias de lo que supuestamente debería ser una fortaleza inexpugnable,
¿Chivas? Pocos se salvan, pero se condena dramáticamente todo el aparato defensivo, en especial su cuadro bajo, nervioso, indeciso, distraído, timorato, tibio, acobardado, y las Águilas fueron implacables rapaces capitalizando cada oportunidad de gol.
¿Y Chivas? Hubo algo evidente: les faltó hombría, devoción, masculinidad, testosterona, compromiso, a casi todos sus jugadores y de esa ejecución masiva por timoratos, sólo se salvaría Carlos Fierro.

























