La Guerra Civil Española (1936-1939) fue un episodio que marcaría no sólo a España sino también a México.

La llamada “otra República” formada en el exilio proporcionó una segunda patria a miles de españoles republicanos, hombres y mujeres, niñas y niños, gente de talento y enorme tesón que hicieron de México una extensión de sus raíces e  inclusive muchos de ellos murieron sin volver a mirar otra vez el cielo español.

Fue hasta la muerte del dictador Francisco Franco (1975), que algunos sobrevivientes del exilio lograron regresar a la tierra que dejaron atrás.

En la actualidad,  75 años después, es la  debacle económica y su dolorosa recuperación, la expulsora de mano de obra y profesional española.

La complicada situación del mercado laboral, con más de  6 millones de  personas en el paro, está obligando a personas con formación entre los 25 a los 45 años, a  buscarse la vida fuera de su país de origen.

Esta vez la expatriación es voluntaria, por hambre y necesidad. En los últimos 24 meses Alemania, Suiza, Holanda, Noruega, Finlandia, Reino Unido han visto multiplicar las solicitudes laborales provenientes de España.

De acuerdo con el Censo Electoral de Españoles Residentes en el Extranjero (CERA) más de 390 mil jóvenes  dejaron el país ibérico por razones laborales.

En el sector salud tan castigado por  los recortes del presupuesto, rebaja de sueldos, salarios y congelamiento de prestaciones,  el personal sanitario incluyendo médicos de alta especialidad se interesan por cubrir vacantes en Alemania.

La insuficiencia de personal médico y sanitario en el país germánico es vista como una oportunidad para los extrabajadores  de la red de hospitales públicos españoles.

En  Reino Unido, ingenieros, economistas, universitarios con formación en sistemas y ciencias de la comunicación o en nuevas tecnologías de España arriesgan el billete para pasar al menos entre 6 y 8 meses buscando trabajo entre los británicos.

El otro fuerte es Suiza, a pesar de la barrera del idioma con dialectos  que cambian de cantón en cantón, investigadores, arquitectos y financieros acuden al país helvético deseosos de un contrato suizo.

Se palpa la desesperación. Todos los días aparece un nuevo Expediente Regulador de Empleo (ERE)  el temido ERE que es el anuncio de la empresa de acogerse a cláusulas que le permitan reducir la plantilla para ajustar sus costes a fin de equilibrar, en el tiempo, presupuestos y estados de resultados.

Los ajustes y los despidos suman, las contrataciones y recolocaciones, restan. Hay cifras que dejan sin habla: el Observatorio Laboral de la Crisis de la Federación  de Asociaciones de Periodistas de España,  revela que más de 8 mil profesionales del sector perdieron su fuente de ingreso.

Pero la vorágine extiende sin más. En los últimos meses, el ERE de Coca Cola, por el cierre de diversas plantas de producción  en España significa que antes del verano de 2014 habrá mil trabajadores despedidos.

El banco Banesto, al ser absorbido por Banco Santander, su fusión implicó cerrar oficinas y reducir áreas para evitar la duplicidad de funciones, lo que significó 3 mil 441 empleados menos.