.

¡La brincamos! Los malos intérpretes, ajenos al mayismo puro, volvieron a jugar con la sabiduría de quienes construyeron las maravillas de Uxmal, Palenque y Chichén sobre el territorio que es hoy mexicano y extendido, entonces, hasta Centroamérica con otro sello: el “Petén”. Acaso la preocupación por la falacia de una hecatombe predispuso o conmovió, acelerando el pulso de quienes no tienen las conciencias tranquilas, a no pocos de los funcionarios (as) del presente, luego de doce años de parálisis y automarginación por parte de mandatarios azuzados o francamente temerosos. La experiencia de la vuelta al Palacio Nacional –más allá de la historia negra del PRI- es, cuando menos, una nota que esboza la posibilidad de un cambio en el quehacer gubernativo, sin búnkers de por medio ni temblores de barbilla por las tardes luego de los convivios en Los Pinos… que después de las ceremonias ineludibles, seguían hasta el amanecer con travesía por la célebre Puerta Cuatro de la residencia oficial. (“Nuestro Inframundo”, Jus, 2011-.


¡Y es ahora cuando los detenidos por las trifulcas del rimero de diciembre hablan de “vacío de poder”!¿Dónde estaban esas voces durante la década más reciente, es decir desde el 2000? No, no defiendo a Peña Nieto porque sé que muchos de quienes están detrás de él, e intentan llevarlo a su molino, tienen las manos muy sucias; tampoco lo hago por mi incredulidad hacia quienes se ciegan con el poder al no recibir jamás negativa alguna ni llamado a la prudencia por parte de esbirros incondicionales. Pero, insisto, en tres semanas ha logrado lo que fue imposible a las administraciones anteriores: juntar a los dirigentes de los tres partidos de mayor representatividad, exhibir a quienes pretenden que no exista cabeza para llevar adelante el nuevo proyecto de Gendarmería Nacional –sobre el cual expreso mis dudas-, y lograr un acuerdo básico nacional, amén de una iniciativa para reformar la educación pública aprovechando la evidente vulnerabilidad de la antes todopoderosa “maestra” Elba Esther Gordillo, la misma que levantó la mano al espurio Calderón en la hora inoportuna en la que se cuestionaba, con severidad, su supuesta victoria; esto es, como si ella fuera el único árbitro de la sucia contienda de 2006.

Lo más importante en estos días, además de la tragedia en Connecticut, Estados Unidos, como consecuencia de la amplia permisividad para adquirir armas de alto poder sin la menor restricción en alguna de las cincuenta y ocho mil tiendas exclusivas para la venta de las mismas, es la evidencia sobre el deterioro claro del puente entre el Ejecutivo y quienes dirigen las fracciones del PRI en sendas Cámaras legislativas. Lo dijimos hace varios días y lo reiteramos hoy: sendos coordinadores, Manlio Fabio Beltrones entre los diputados, y Emilio Gamboa Patrón, entre los senadores, -deberíamos escribir sus nombres también con minúsculas-, le han dado más dolores de cabeza al presidente Peña que los líderes del PRD y el PAN quienes, pese al declive de sus militantes, han optado por tratar de evitar los usos facciosos…hasta el momento.

A este columnista le parece estupendo que el Senado ratifique los nombramientos de los funcionarios encargados de la Seguridad Pública, incluyendo -¿por qué no?- a los designados secretarios de la Defensa y Marina. Para ello, claro, se requiere la consiguiente reforma, por ahora ceñida a los cambios en el organigrama del Ejecutivo que han servido de pretexto a los legisladores para pactar un primer paso: la intervención de la Cámara Alta para analizar a los nombrados por el primer mandatario –no mandante como han establecido sus predecesores, esto es quien obedece y no quien ordena-, dada las condiciones extremas en las que legaron el cargo los rehenes de sus agendas militares, agazapados en sus respectivas zonas de exclusión, incluso bajo tierra, con el miedo aflorando por cada célula de la piel. Por ello, claro, calderón –minúscula- realizó un último acto de gobierno al extender a sus familiares la vigilancia obligada del Estado Mayor Presidencial con los cargos al erario que ello significa. Somos, en este renglón, el de los “guaruras”, uno de los países más ricos del mundo. Y no hablamos del cuerpo israelita que mantiene blindado al mayor multimillonario del planeta.

El asunto no es sencillo de resolver, menos cuando la soberbia domina a una de las partes, lo mismo con los radicales de izquierda que con los presuntos traidores. ¿Nadie es culpable por los sucesos vergonzosos del primero de diciembre?¿Los saqueadores, quienes fueron fotografiados, sencillamente no existen?¿Y los autores intelectuales y cuantos instigaron a la rebelión civil que muchos pudieron interpretar como carta de garantía para violentar los derechos de terceros? Insisto: no pretendo descalificar a los jóvenes valientes sino a quienes se parapetan detrás de ellos para encender mechas que los mexicanos no queremos encender. Basta ya de manipulaciones infecundas, torpes, bárbaras. Por favor, nadie quiere escenarios parecidos a los de 1968. Y esto va, sobre todo, para quienes recomiendan a Peña que utilice su mano más dura y su armazón presidencial para proceder sin sensibilidad política, recreándose quizá en el espíritu represor de Díaz Ordaz y Echeverría.

(Y ahora que me acuerdo, un atinado lector de esta columna me conmina a escribir con minúscula los apellidos de otros ex mandatarios; y me parece que tiene razón. La cuestión es que entonces se podría interpretar como una obcecada necedad del columnista o, peor aún, como consumados errores de ortografía. Pero, sin lugar a dudas, lo merecen).

La controversia es muy seria porque vuelve a plantear la urgencia de acotar al presidencialismo para dinamizar la vida institucional del país, una propuesta, por cierto, lanzada en 1994 por Luis Donaldo Colosio varias semanas antes de su brutal asesinato. ¿Ordenado por quién? Es increíble que, a estas alturas, dieciocho años y nueve meses después, ni siquiera se haya establecido una línea de investigación seria al respecto. ¿Actuó solo Mario Aburto? Tengo evidencias en contrario; y si las tiene un periodista, ¿es posible que la PGR niegue toda posibilidad de conjura? Ya va siendo hora de que se actué, en serio, y no mediando una turbia parodia como la de los Fox y sus fiscalía especial para tapar el sol con un dedo.

En fin, el problema de fondo, como l hemos esbozado, es el de la gobernabilidad del país. Si no contamos con este elemento, esencial en las democracias además, perdidos por los sectarismos, seremos pasto fácil para quienes buscan, desde el norte, intervenirnos como la diabetes: paso a paso…hasta consumar la muerte. ¿No lo habrán percibido quienes tanto claman por su nacionalismo, desde las tribunas encendidas, y nada hacen para detener la tremenda influencia anglosajona? Sólo nos falta ver al icono de la izquierda, lagrimar como Obama luego de la tragedia de los veinte niños asesinados cuando él no ha sido capaz de frenar la escalada armamentista. Y no es comparación especulativa.

México está en la disyuntiva: presidencialismo o parlamentarismo. Me inclino por lo segundo con un presidente de gobierno dispuesto a debatir con el Congreso en cada ocasión. Seremos menos dependientes del autoritarismo y ganaremos así nuestro derecho a ser demócratas en serio.

Mirador

Desde luego, es peor el vacío de poder al mal gobierno…aunque ambos sean dañinos a la larga. Pero sin mando el país marcharía a la deriva para regocijo de tantos y tantos anarquistas d banqueta, de esos que prenden lanzas con fuego, estrellan un camión de basura contra las barricadas de policías y saquean comercios rompiendo cristales como si estuviéramos en Bagdad. No, no son los jóvenes valientes sino los subversivos sin patria que escriben leyendas tan absurdas como “Muera el Estado”, sin entender el contexto. Si el Estado mexicano muere, ¿qué queda?¿Anexarnos a los Estados Unidos? Una trampa tremenda, amables lectores, que los desinformados ni siquiera aprecian.

Varias veces he preguntado sobre la cuestión a auditorios jóvenes y, siempre la respuesta es la misma: es peor el no gobierno, la locura de la anarquía que tiende con fuerza hacia la violencia. Sobre este punto, importantísimo, debieran definirse quienes no reconocen al gobierno actual… aunque formen parte del mismo como legisladores considerando que el gobierno es la integración de los tres poderes de la Unión. ¿Lo habrá aprendido el “docto” abogado Ricardo Monreal Ávila antes de subirse a la tribuna a anunciar muertes que no se habían producido y loas a su líder no presente? Porque, sin duda, ya va siendo hora de que Andrés Manuel dé la cara en las ceremonias y no que otros hagan su tarea de protesta, enviados o inspirados con él, mientras el dirigente toma distancia. Esta es sólo estrategia de generales muy rudimentarios y poco atrevidos. ¿Por qué no se postula para una diputación en 2015 y entonces hace de la tribuna, la más importante de la República, su propia trinchera y la de quienes son sus incondicionales –muchos, por cierto-?

¡Cuánto ganaríamos recuperando al Andrés Manuel sereno y útil, dejando atrás al belicoso inconforme, intransigente, paralizante! El primero siempre será una opción; el segundo, sólo un obstáculo.

Por las Alcobas

López Obrador anunció, en 2000, que de ganar la Presidencia viviría en Palacio Nacional, como Juárez. Y saltaron los escépticos y timoratos. Dijeron que ni tuberías en buen estado existían allí por causa d tantos años de abandono y que no imaginaban, en las azoteas del monumento nacional, un cordel rebosante con los calzoncillos del presidente.

Peña Nieto, en fin, no vive en Palacio pero asegura que se emociona al despachar allí. A lo mejor, por las noches, dialoga con los fantasmas que allí pululan, como el de Plutarco Elías Calles quien es buen consejero si se trata de pensar en exiliar a algunos de los “ex” más insolentes, habladores y provocadores. Como los dos anteriores y los predecesores priístas de éstos. Sobran las embajadas plenipotenciarias. Y los fantasmas aprietan la mente del mandatario en turno para contrarrestar a las nuevas y arraigadas mafias que se perciben, de nuevo, ganadoras. De Peña depende.