Ser cuidador de un enfermo, no es tarea fácil y por el contrario acarrea a quien asume este papel repercusiones tanto físicas como emocionales, que terminan por deteriorarlo más que al propio paciente, afirmó la experta del IMSS, Mónica Patricia Güitron Ocaranza.

La especialista en dolor y cuidados paliativos señaló que generalmente las cuidadoras de enfermos son mujeres en edad madura e incluso ancianas.


Dijo, en un comunicado, que hacerse cargo de un enfermo es una situación no prevista y por lo mismo no existe la preparación para asumirla, por lo que en la mayoría de los casos esta función recae en un personaje único que no cuenta con otros apoyos y que por lo mismo se desatiende a sí mismo.

Destacó que la atención de un enfermo es tan demandante como la complejidad de su patología o de su situación, es decir, si este tiene o no capacidades que le permitan cooperar.

“No es lo mismo atender a una mujer adulta mayor que puede caminar y está íntegra mentalmente, a otra que no camina y no puede alimentarse por sí misma y además requiere uso de pañal por no tener control de esfínteres”, indicó.

Quien cuida a un enfermo presenta, entre otras repercusiones, como dolor de espalda (73 por ciento), cansancio (72 por ciento), disminución de tiempo de ocio (73 por ciento), insomnio (65 por ciento) y ansiedad (72 por ciento).

Así como alteraciones en la dinámica familiar (54 por ciento), siendo las alteraciones del sueño, así como en la economía y falta de tiempo para esparcimiento las que más correlación tienen con esta actividad.

Por lo general, en el servicio de dolor y cuidados paliativos, el paciente llega con un acompañante que en la mayoría de los casos es el cuidador, y es tal el deterioro de este último que cuesta trabajo identificar quién de los dos es el paciente, apuntó la especialista.