En 1940, el padre Ochoa decidió suspender las festividades en honor al santo patrono del Barrio de San Juan Evangelista, debido a que ya no era una fiesta religiosa y de convivencia familiar, sino se había convertido en motivo de borracheras, de falta de respeto y desorden social, era pues una fiesta profana y no religiosa; debido a esa situación se perdió la identidad del barrio. Nada quedó. Pocos la conocen. Las tradiciones se olvidaron por 60 años ya que las generaciones se disgregaron.
Con la finalidad de rescatar las raíces culturales, la tradición y las costumbres como la danza, los rituales, la organización y las artesanías, se conformó un patronato en agosto de 2007, integrado por habitantes del mismo barrio, descendientes de aquellos primeros pobladores.
Se reconoció oficialmente al Barrio de San Juan Evangelista. Durante los años siguientes, se ha celebrado la fiesta patronal el 27 de diciembre, como un esfuerzo para rescatar la tradición purhépecha, como el rescate de la danza de Los Hortelanos, cuyos integrantes llevan enormes sombreros elaborados con hojas de vástagos y bailan con un armadillo en la cabeza, animal que había en abundancia en dicha zona del barrio de San Juan Evangelista; sus guares con sus cántaros adornados, conocidas como Las Aguadoras, las yuntas y los labriegos, que desfilan el 28 de diciembre hacia el centro de la ciudad.
Las festividades inician este miércoles 26 de diciembre con la llegada de bandas de música y por la noche la coronación de la Ireri, Mariana Tungüí; el jueves comida tradicional, música, actividades socio culturales y el viernes 28, el tradicional recorrido de las yuntas hasta el centro de la ciudad.
LA HISTORIA:
Los primeros pobladores del Barrio de San Juan Evangelista, datan del año de 1533, según anotación en un pergamino del Padre Ochoa; la primera capillita estaba al final de la calle Manuel Ocaranza, unos metros dentro del panteón municipal. En 1920 un incendio provocado, la destruyó.
Los vecinos del barrio y con la colaboración de los fieles, se construyó otra en la acera de enfrente, en lo que ahora es la esquina de Manuel Ocaranza y Primo Verdad.
Desde mucho antes ya se celebraba la fiesta purhépecha, donde el “carguero”, que era el encargado de la capilla, delegaba responsabilidades para el arreglo del templo, los cohetes, las bandas de música, la comida y las danzas que ensayaban desde días antes; pero un año después, en 1940, las festividades se suspendieron por haberse convertido en borracheras y desorden social.
























