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No iba mal el promedio de víctimas cotidianas del crimen organizado desde la asunción de Enrique Peña Nieto, el pasado primero de diciembre, y algunos de sus mayores simpatizantes insistía que el porcentaje de asesinatos había descendido casi al treinta por ciento, siete menos entre diez cada veinticuatro horas. Pese a ello, en dos jornadas las tablas de medición se dispararon: el viernes 7 de diciembre se produjo la primera gran matanza del nuevo sexenio en la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, cuando un escuadrón de gavilleros tomó el municipio de Guadalupe y Calvo, privando de sus vidas a once lugareños inocentes; y el martes 18 de diciembre doce reos y nueve custodios resultaron muertos, en Gómez Palacio, Durango –conurbación de Torreón, Coahuila, dominada por los hermanos Herrera, sobre todo Carlos, quienes hicieron de la política uno de sus mejores camuflajes para ocultar sus transacciones non santas-, durante un intento de fuga cuando se trasladaba a más de un centenar de reclusos hacia centros “de readaptación” en otras entidades “cercanas”. El operativo, claro, fue un fracaso como si se tratara de la recreación d algunas de las cintas de Hollywood más exitosas de los últimos años.


Desde entonces, volvimos a la rutina aun cuando se insista en que van bajando los índices de criminalidad: varios militares matan a un campesino en Oaxaca; en Texcoco, Estado de México, linchan a dos presuntos ladrones; encuentran el cadáver del empresario michoacano Armando León Marín, de treinta años… y el presidente Peña Nieto ofrece seguridad, por lo pronto de palabra, a las ciudades más convulsionadas, como Acapulco, Chihuahua y Durango, entre otras. El plan para la seguridad nacional, lo mismo que el Acuerdo Nacional por México, no va a detenerse por la participación de unos cuantos grupos de rufianes. Sólo que el nuevo procurador general, Jesús Morío, es decir Murillo, Karma, hidalguense claro, habla de que se cuenta con “ochenta cárteles” por lo menos azotando el territorio nacional; y la Secretaría de la Defensa tiene registro de cien gavillas armadas. Verdaderos polvorines que difícilmente lograrán desactivarse si no se emprende la acción principal: la depuración, en serio, de policías y mandos castrenses.

Lo anterior fue lo que obvió el miserable calderón –minúscula-, quien se da el lujo de pasear su impunidad por cuando sitio puede en vísperas de fincar residencia en Harvard una de las ciudades de menor incidencia de homicidios en la Unión Americana como antes lo era el estado de Connecticut en donde una sola matanza de niños y profesoras se llevó por delante la aparente tranquilidad; no vaya a ser que la presencia del ex mandatario mexicano destruya la aparente paz de los suelos que pisa, sea en la separatista Cataluña, arropado por el “mexicano” Antonio Solá Recquer, o al norte de Nueva York. Se siente tan seguro que ya cuestiona, sin rubor alguno, cuanto ha hecho el presidente Peña –éste sin la ilegitimidad a cuestas pese a las voces radicales-, en poco menos de un mes de residencia en Los Pinos.

En el fondo, el ex mandatario panista, quien presuroso corrió a la ciudad de México para ratificar su filiación panista –lo que no hicieron los Fox acaso esperando ser apañados por el partido de “la maestra”, Elba Esther Gordillo-, siente cierta envidia por cuanto él fue incapaz siquiera de proponer en medio de la batahola causada por su imposición a costa de compromisos signados por los Fox, precisamente, con algunos de los empresarios de mayor renombre con tal de evitar un viraje extremo hacia la izquierda; y luego, la pareja ex presidencial se sintió desplazada aun cuando lograron convertir su pomposa “fundación”, allá por donde “Las Poquianchis” armaron su nido –en San Francisco del Rincón-, en lugar de peregrinación hasta de jefes de Estado en evidencia más que clara de los vacíos de poder prevalecientes entonces. Y ni así se conformaron los inquilinos del hotel, restaurante y biblioteca del ex presidente que menos libros ha leído de cuantos han pasado por la llamada silla del águila; bueno, ni siquiera los traspiés de Peña en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara en 2011, son equiparables a la incultura de Vicente y sus botas de grecas ególatras. El mundo al revés… sin supuestas profecías mayas de por medio.

A través de la historia reciente, bien sabemos que ninguno de los pactos y acuerdos presidenciales ha llegado a buen fin lo que no es óbice para mantener esperanzas sobre los signados recientemente; pero, por desgracia, los antecedentes van a la contra. Por ejemplo, el llamado Plan Global de Desarrollo, durante la época de López Portillo, fue cauce hacia el mayor desastre de fuga de divisas de cuantas se han dado; y el siguiente, con el aval de Miguel de la Madrid, centrado en la pomposa idea de una “renovación moral” a fondo cayó en el más espantoso de los ridículos institucionales, esto es basando el pobre crecimiento nacional… en el descarado lavado de dinero y en la consiguiente impunidad para la primera familia y sus conexiones non santas, incluyendo, desde luego, las del ahora “izquierdista” Manuel Bartlett, presunto autor intelectual de los crímenes contra elementos del mismo bando a lo largo de su represora actuación como secretario de Gobernación. La amnesia entre los mexicanos permite ésta y otras deformaciones extremas.

Más adelante, el proyecto se llamó “Solidaridad”, a imitación del movimiento polaco de Lech Walesa promovido y apoyado por Juan Pablo el Magno, bajo las instancias de Carlos Salinas quien pretendía alejarse del estigma de su elección fraudulenta, en 1988, y su posterior asunción contra la izquierda afrentada con la presencia de Fidel Castro durante los ceremoniales. Ninguna empatía podía existir en una proyección como ésta salvo los acuerdos soterrados, aquellos que jamás conocemos –cuando menos en su momento- y que al ser difundidos son desdeñados como “mentiras falaces” productos de la fiebre novelística; así han hablado de mis obras cuando, de manera oportuna, han planteado las catástrofes que llegan puntuales: acaso por ello sigo siendo un columnista incómodo y estigmatizado en los llamados “medios nacionales”. Prefiero mi libertad a los guiones preestablecidos por ciertos directores y sus maridajes con el poder. Dicho sea de paso.

¿Y después? Ciertos intelectuales, o quienes se consideran tales para sacar tajada a la sombra del estatus reflejo y de ciertos políticos, sea los mandatarios o los iconos de masas, formaron grupos, como el “San Ángel”, sito en una colonia muy humilde en donde, claro, las residencias valen millones de dólares –lo que revela lo proclive de los personajes a las tareas sociales-, que presentaron royectos conjuntos rebosantes de palabras ya escritas en las declaraciones de principios de cada partido -¿las habrán leído, ellos tan ávidos por el estudio?-, y el texto constitucional. Por ello, insisto, no habría cambio mayor, como repetía el extinto maestro Ignacio Burgoa, que seguir las normas superiores en donde se asientan las bases sólidas de la República. Pero no, se prefiere siempre a la demagogia.

Desde luego el nuevo acuerdo promovido por Peña tiene una virtud que jamás alcanzó el ex mandatario con cara de monaguillo regañado: logró reunir a los presidentes de los tres partidos con mayor representatividad; pero lo hizo sin que éstos obtuvieran el consenso de sus respectivas militancias lo que les colocó al borde del despeñadero; y, claro, personajes aviesos como calderón –minúscula- no perdieron el tiempo en busca de obtener avales, dentro de sus respectivos institutos, para dar una pelea que rompa los esquemas y salve de la quema histórica a quienes se fueron de Los Pinos con las manos vacías o no llegaron a la casa presidencial porque no fueron capaces de defender los sufragios emitidos a su favor; en sí, el pecado es el mismo: el engaño a una comunidad ahíta de simulaciones y demagogos.

Debate

La “maestra” Elba Esther Gordilo ya mostró cuál será la ruta escogida por ella: la de la confrontación si el presidente Peña no se somete a los designios de su cacicazgo sobre el gremio magisterial. ¡Qué pena por los mentores que bajan la cabeza ante la impudicia con tal de obtener alguna canonjía! Esta es la imagen de México que no quiero para quienes vienen detrás de nosotros y anhelan otra perspectiva, como los jóvenes valientes que no han podido impedir las malsanas infiltraciones de los politicastros que los manipulan y contaminan de vándalos sin escrúpulos mientras los provocadores se regodean bajo el signo de la impunidad.

Es claro, entonces, el camino que escogió la chiapaneca, más subversiva que los silenciosos miembros del EZLN endiosados por los medios –mea culpa, también- y los llamados “turistas revolucionarios” y marginados por su propia inacción, para hacer frente a la iniciativa de reforma educativa propuesta por Peña Nieto en un intento de evaluar las capacidades de los mentores y, por lo menos, censarlos dado que la lidereza asume, como si se tratara de defender con ello su honor, que es privilegio de su “sindicato”, reducto del anquilosado corporativismo a la mexicana, mantener a buen resguardo los registros de todos. Esto es: como si el gremio fuese soberano y se erigiera como un país dentro de otro. Una barbarie conceptual extrema.

Ahora queda saber cuál será la reacción del nuevo mandatario, en enero próximo: ¿Seguirá tratando de negociar algún pacto para darle nuevo impulso a la macabra maestra?¿O, de plano, imitará a su predecesor Salinas, jefe de las mafias conocidas –pero no el más influyente de los ex presidentes, título ostentado por Ernesto Zedillo-, para desbancar a la señora de un… bazukazo a la cabeza con prisión de por medio? Motivos tiene de sobra, como el asesinato no aclarado de Misael Núñez en enero de 1981; sería por demás interesante que se hiciera justicia exactamente treinta y dos años después con el consiguiente finiquito forzado de un cacicazgo indeseable para la sociedad mexicana.

En fin, que el camino de la negociación, a estas alturas, parecería un acto de suprema debilidad de Peña, una imagen que, creemos, éste no quiere dar y mucho menos ahora cuando tanto ha escrito sobre la urgencia de aglutinar a las mayorías con miras a exhibir a los intransigentes.

La Anécdota

Entre las fantasías del fin de mundo –redimidos los mayas de falsas interpretaciones sobre supuestas profecías que no eran sino estudios de los llamados katunes o ciclos vitales-, hubo varias que nos hicieron sonreír. Un lector amigo me manda decir:

–¡Lástima que no se acabó todo como estaba previsto!¿Se imagina? Es la única manera de que hubiera desaparecido la señora Gordillo, o el señor Gamboa, o Bartlett, o tanto perverso como Salinas y Montiel, padrinos de Peña. ¡No importa que también nos hubiera cargado a nosotros la…!

Me quedé meditando unos segundos sobre ello.