El dia 21 de febrero del presente, se cumplen exactamente 220 años del nacimiento de Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, más conocido simplemente como Antonio López de Santa Anna; personaje que junto con Cortés e Iturbide forman parte del averno histórico mexicano. Santa Anna fue un político y militar veracruzano, Presidente de México algo así como once ocasiones, y que al final de sus múltiples mandatos adoptó el titulo de “Alteza Serenísima”

En un apretado resumen podemos decir que como cadete en el Regimiento de Infantería de Veracruz, por su “valor y valentía” en el combate a los insurgentes que peleaban por la independencia de México obtuvo varios ascensos. En marzo de 1821, en Orizaba, cambia de bando y se une a José Joaquín de Herrera, adhiriéndose al Plan de Iguala apoyando a Iturbide, siéndole reconocido el grado de teniente coronel. En diciembre de 1822 junto con Guadalupe Victoria, firma el Plan de Veracruz, ahora desconociendo la legitimidad del ya Emperador Agustín de Iturbide y proclamando la República. Inició entonces una larga serie de imprevisibles (o previsibles) adhesiones, encuentros y desencuentros políticos e ideológicas.

Se le recuerda básicamente por sus juergas, por ser gallero empedernido y por los resultados negativos, por no decir nefastos, para México, de casi todas sus decisiones; el más grave fue cuando se da la independencia de Texas y su posterior anexión a los EUA, episodio que derivo en una guerra con nuestros vecinos (1846-1848), misma que finalizó con la pérdida de mas de la mitad del territorio mexicano a manos de los Estado Unidos, que por esas fechas no era, ni de lejos, la potencia emergente que seria a finales del siglo XIX, pero si contaba con un ejercito muy disciplinado, bien organizado y mejor abastecido. Las batallas contra el invasor norteamericano nos dieron una colección de “derrotas gloriosas” y el cuento de los “Niños Héroes”.

Durante su última gestión, su gobierno se convirtió en una dictadura; Santa Anna suprimió los derechos y las libertades individuales, impuso su voluntad personal e instauró una feroz persecución en contra de sus opositores. Vendió a los Estados Unidos el territorio de La Mesilla para obtener dinero, ya que todo se evaporaba por la enorme corrupción institucional y al final no tuvo mejor ocurrencia que cobrar impuestos sobre coches, ventanas y perros. Con todo eso, el descontento se generalizó.

En 1854 un antiguo insurgente, Juan Alvarez, se levantó contra Santa Anna y proclamó el Plan de Ayutla. Este exigía que Santa Anna dejara el poder y que se convocara un nuevo Congreso para que elaborara una constitución. La Revolución de Ayutla, como se llamó a este movimiento, se extendió rápidamente. Derrotado el dictador salió de México y desapareció del escenario político. Regresando hasta 1873 para morir en la miseria.

Irónicamente, se dice que Santa Anna ha sido nuestro “mejor vendedor”, pero también se le reconoce su enorme ingenio para inventar impuestos; ingenio que permaneció insuperado hasta la llegada de Peña Nieto, con su empleado Videgaray, que nos ha recetado un rosario de nuevos impuestos, incluyendo el recién inventado IVA a los alimentos para mascotas. Pero no se ocupa una bola de cristal para saber que México continuará con un bajo nivel de recaudación fiscal, con iva a las mascotas o sin iva, por la sencilla razón que no se ha ampliado apreciablemente la base fiscal, todo, o casi todo, se carga al sufrido causante cautivo, integrante de la cada vez más deteriorada clase media descendente. ¿Y los grandes grupos industriales y empresariales, con ganancias de miles de millones? Esos tienen a su disposición un batallón de abogados fiscalistas y hábiles contadores, que al final de las cuentas logran que el SAT les regrese anualmente cientos y cientos de millones de pesos.

Resultado final. México continua con un desigual cobro de impuestos, pues al final del asunto, a pesar de lo que digan los voceros del PRI y del PRD, firmantes de ese acuerdo fiscal, en México paga porcentualmente mas el que menos tiene