Con o sin guerra fría, la humanidad no aprende las duras lecciones de la polarización. Ya se cumplen más de dos décadas desde la pulverización de la Unión Soviética, la potencia que fue contrapeso a la Casa Blanca, y los rusos, desprendidos de”sus” repúblicas, vuelven andar la senda hacia la autocracia. Mientras, en los Estados Unidos la política gremial cada vez tiene más éxito acaso como efecto de la manipulación colectiva: un hijo ya fue sucesor del padre, mediando sólo dos cuatrienios de por medio, y una mujer buscó y acaso busca el cargo que ostentó el consorte ocho años atrás.
Si tal pasa en dos de las naciones que ejercen liderazgos políticos no debe extrañarnos la recomposición, quizá la descomposición, de la geopolítica universal. Esto es como si estuviéramos andando hacia atrás en una peligrosa regresión histórica. ¿Y todo por qué? la respuesta es compleja aunque pueda perfilarse en una sola sentencia: quienes mueven los hilos del poder encontraron los antídotos efectivos contra la democracia. Con ello, claro, nuestra capacidad de asombro parece agotada.
Europa tiende a la derecha y Latinoamérica ancla en el populismo; el”euro” golpea al dólar guiado por los especuladores que acaso proyectan equipararlo con la libra esterlina para maniatarlo después, pero se desploma; surgen nuevos matriarcados, con la exaltación de los”príncipes consortes”, en distintas latitudes y la reelección se ha convertido en un vicio observado, de manera tendenciosa, como”democrático” en cuanto que está marcado por el aval popular volcado hacia las urnas. De la confusión inducida pasamos a la abierta manipulación.
Me queda claro que uno de los valores esenciales de la vida democrática, en todo tiempo y lugar, debe ser el impedimento para quienes gobiernan de optar a la reelección basándose en una popularidad circunstancial, acaso un espejismo, que deviene, precisamente, del ejercicio del poder. Es obvio que cuantos mantienen los controles cuentan con excepcionales capacidades de promoción, inalcanzable para sus opositores y rivales, y de maniobra, gracias a la cual pueden proyectar su dominio hacia los árbitros electorales asegurando la continuidad contra viento y marea.
Obsérvese el caso de Venezuela: por una diferencia mínima en los escrutinios, los sufragantes rechazaron las reformas constitucionales propuestas por Hugo Chávez en 2007 y éste, muy jactancioso, decidió”aceptar” el veredicto aun cuando existieran sospechas sobre las presiones de”un sector del ejército” para que lo hiciera. Casi de inmediato comenzó a fustigar a los suyos, por haberse dejado superar en la línea de fuego, subrayando, como si se tratara de un castigo divino, que deberá abandonar el poder en 2013, marcado para el final para el periodo por el que ha sido recientemente reelecto. La falacia cayó por su propio peso: preparó a sus gobernados para un siguiente plebiscito que anuló al anterior. ¡Y hay quienes exaltan la vocación democrática del personaje quien se observa como irremplazable y más que eso como si él fuera su patria toda! Y dicen que está muriéndose, de a deveras.
La distorsión no puede ser mayor. Y en una línea semejante se difamó a la democracia cuando se insistió en la legitimidad de la asunción a la presidencia de Argentina de Cristina Fernández de Kirchner, la ambiciosa consorte de Néstor, su antecesor ya extinto –lo subrayo para que se retraten en él quienes cobijan a sus consortes sin más mérito que haber estado con ellos durante su gestión-, cobijada en el aparato del Estado y diciéndose avalada por la mayoría electora que acudió a las urnas como lo hubieran hecho los jamelgos de los picadores en las corridas de toros: con los ojos vendados. ¡Ah! Y qué no se nos diga, como ya se hace en Buenos Aires, que tal es asunto exclusivo de los argentinos cuando la arribazón de éstos a México, en tantos casos recientes, ha servido para modificar las reglas del juego –recordemos al empresario Ahumada Kurtz y a la trepadora”escritora”-, con tal de hacer pingües negocios personales.
Debate
Es tal el éxito de la versión gaucha de la”democracia” que los rusos quisieron copiarla, esto es en una de las naciones con menos tradición en la materia cabe subrayar, postulando a Liudmila Pútina –con el referente del patronímico debiera bastar-, la mujer de Vladimir Putin, para asegurar la dócil continuidad sin mengua del prestigio”democrático”. La falacia está excelentemente construida y es tal su fuerza que el único espacio para contrarrestar la tendencia se abra e favor de otra dama, Valentina Matviyenko, alcaldesa de San Petersburgo, con muchos años de experiencia acumulada a favor del actual presidente de Rusia.
La señora Liudmila, antigua azafata cuyo dominio del consorte es evidente –en este mismo espacio relaté algunos pasajes de los periplos de Putin en los que se evidenciaba quien disponía de la agenda y los comportamientos, esto es su mujer y no él-, asegura que sería una dirigente invaluable por su dominio de varios idiomas, incluyendo el español que habla perfectamente, y en lo referido a los viajes de Estado, acaso como derivación de su antiguo oficio. Lo importante, en todo caso, es que el poder quede en manos de matrimonio tan bien avenido.
La tendencia, a seguro, habrá de extenderse al ritmo que quieran imponer las nuevas reinas de la política universal. Si Isabel II cumple ya sesenta años como monarca y sesenta y cinco desde sus esponsales con el sagaz Felipe de Edimburgo, a quien debe acreditársele el liderazgo entre los garañones a quienes basta una seducción para asegurarse una vida de ocio –aunque deba para ello someterse a una dama como Elizabeth, tan dura de roer y me imagino que de amar-, habrán de salir muchas imitadoras deseosas de confirmar vanidades y ambiciones mirándose en el espejo del poder. Además, ¡todo parece tan democrático!
He aquí, por tanto, el segundo gran antídoto: el del exaltado estatus reflejo que con tanta galanura convierten en principal los maridos sumisos quienes quieren exhibirse, nada menos, como vanguardistas en los foros proponentes de la igualdad femenina. Ya lo he dicho: cuando se estima el imperativo de equilibrar los géneros el efecto puede ser contrario al insistirse en algo que debiera ser tan natural como legítimo. Esto es: no puede haber diferencias en el derecho ni en la potencialidad política entre mujeres y hombres… siempre y cuando ésta no sea establecida a través de la parafernalia del poder bajo la batuta de varones con escaso carácter y dispuestos a honrar a sus parejas endiosándolas, de verdad, en el campo del poder.
Si de igualdad se trata que cada consorte crezca por sus méritos pero sin olvidarse de que, en toda actividad humana, los límites son esenciales para no perder la perspectiva ni alejarse de la realidad.
La Anécdota
La pretendida reconquista, ahora corporativa, no sólo se avizora en territorio mexicano sino también en los escenarios más convulsos. En la Venezuela de Chávez, en donde los capitales ibéricos han sido amenazados por la dolida egolatría del mandante intratable, es un español, curiosamente, el profesor Roberto Viciano Pastor, quien ejerce el papel de”eminencia gris” y marca las pautas para las pretendidas reformas constitucionales, por ahora detenidas perentoriamente. El personaje, valenciano de orige, no se conforma con ello: también influye decisivamente en los gobiernos de Bolivia, con todo y las raíces indígenas de Evo Morales, y Ecuador, con el populista Rafael Correa.
¿Y en México? Bueno aquí contamos con la asesoría de lujo de Antonio Solá Recher, quien fuera, nade menos el principal diseñador de las estrategias políticas y proselitistas de José María Aznar, el ex presidente del gobierno español convertido en manzana de la discordia entre los jefes de Estado de Venezuela y España, esto es entre Chávez y Juan Carlos de Borbón.
Ello sin considerar, claro, que el brazo derecho de Felipe Calderón es, nada menos, que un gallego nacido en Madrid, Juan Carlos Mouriño, cuya familia fincó en Campeche gracias a las generosas líneas protectoras oficiales para extender concesiones de gasolineras a quienes cumplimentan con gran celeridad el papel de socios. Abundaremos.
























