¡La miseria incrementada, el salario disminuido! ¡ Salario mínimo al presidente, Pá que vea lo que se siente! Esta última frase era prácticamente un eslogan o recla-mo que se hacía en los años de la insurgencia democrática que encabezaba el Ing. C. Cárdenas en los años de 1987-88 y que, indiscutiblemente, sigue siendo una exigente y silenciosa demanda nacional, no solamente de los millones de miserables que no tienen quién hable por ellos, para ser escuchados, pues con su estatus social que detentan, los mantiene sin esperanza alguna y menos de que se modifique su situación. Pero no solamente ellos padecen de la “desesperanza”; la sufren aquellos que aún teniendo un trabajo constante, su misérrimo salario no les alcanza ni para una pura chin&*+/…

Relaciono lo anterior no solamente porque la miseria nacional se haya incrementado drásticamente en los últimos años hasta alcanzar estratos sociales mayores, sino porque  las cifras alcanzadas ya son de millones, en la que diferentes sectores se debaten en la desesperación, pues ven reducidos sus ingresos en una proporción inversa a como suben los precios de los productos básicos diariamente, llámense alimentos o enseres domésticos o semi industriales, todos necesarios para poder vivir en una medianía juarista.

Las causas de esta desproporción son múltiples y la principal se debe al abandono de los gobiernos neoliberales que nos han regido en los últimos 24 años, que han dejado en las manos de la iniciativa privada la creación de empleos que, además, han sido pobremente remunerados, lo  que ha llevado a la desesperación a más y más gente.

El  Secretario de Trabajo en el actual gobierno de la República, Alfonso Navarrete Prida, se ha referido recientemente a este problema e indica lo que todo mundo sabe: que está en el desempleo 4.6 % de la población nacional, pero que “ese no es el problema grave, sino los más de 8 millones de mexicanos que se debaten entre los de un salario a tres salarios diarios” y afirma que “la parte más dramática es ver cómo erradicamos el trabajo infantil”. No habla de la pobreza que los impulsa al crimen, ni al incremento de la inseguridad por la misma razón; tampoco de la transferencia de la propiedad estatal a manos privadas extranjeras ni a la deshonestidad y corrupción que se ha vivido en México durante varios lustros, etc. El Secretario del Trabajo, que parece no tiene una experiencia basta en esta materia ni en la de generación de empleos, habla ¡sí! de estadísticas.

Alfonso Navarrete se ha desarrollado fundamentalmente en la procuración de justicia; fue Procurador de la misma tanto en el gobierno de Arturo Montiel como en el de  Enrique Peña Nieto, por lo que me hace suponer que su conocimiento mayor lo es en la materia de procesamientos penales y de estadísticas criminales, pero que tal vez su experiencia en esos cargos no lo fue suficiente para reunir las pruebas necesarias para procesar y castigar a Arturo Montiel, quien fuera acusado de enriquecimiento ilícito en su ejercicio como Gobernador del Estado de México. Pudiera ser, efectivamente, que se hubiera calumniado al ex gobernador Montiel y que todo el ejercicio de la cuenta pública presentada en su momento fue un acto de sus opositores y que el actuar de Navarrete Prida hubiera sido correcta, pero cabe precisar que el acusado, siendo gobernador, nombró Procurador de Justicia, precisamente al actual Secretario del Trabajo, por lo que surge la duda de si su actuación al frente de esa responsabilidad en el Estado de México fue la correcta.

El Secretario del Trabajo fue presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública integrante de la LXI Legislatura Federal y su única experiencia en materia de  trabajo lo fue como integrante de la Comisión de Trabajo y Previsión Social y, la verdad, confirma que la tarea de los secretarios del ramo en éstos últimos años ha sido inútil  y poco ha habido  en México “Trabajo y (menos)  Previsión Social”.

Pero volviendo a la pobreza, ya sabemos los mexicanos cuál es la problemática nacional que nos aqueja (falta de empleos remunerados, bajos salarios, etc. que hacen disminuir el poder adquisitivo.

Sentimos pues, que los secretarios del amo que nos ocupa, sólo han estado al servicio del poder económico, sin importarles los altos índices de miseria y muerte tenidas en toda la República. Poco se ha sabido de secretarios que efectivamente hayan analizado con imparcialidad las relaciones obrero patronales ni visto la forma de impulsar la generación de empleos y de castigar la violación sistemática a  los contratos colectivos de trabajo.