En el día a día es muy común que hombres y mujeres, cuando están casados, tengan que lidiar con aspectos extremadamente negativos relativos al comportamiento de sus respectivas parejas. Se trata de situaciones que suelen ser muy desagradables, a grado tal que con frecuencia hacen estallar en ira hasta al más tranquilo y apacible de los seres humanos que habitan la faz de la Tierra.

Cierto, hombres y mujeres por igual, solteros o casados, tenemos virtudes y defectos. Sin embargo, en la convivencia diaria, cuando ambos por fin deciden unir sus vidas, descubren que su bodoquito no siempre es esa persona llena de dulzura, comprensión y tolerancia que con regularidad se mostraba frente a ellos. ¡No! Nada de eso. Esa persona capaz de inspirarles el más grande amor también cuenta con una vena exasperante e incluso insoportable que nos cuesta muchísimo trabajo manejar.

Y el catálogo puede ser bastante extenso: impuntual, menti- ros@, vicios@, sabelotodo, presumid@, floj@, indiferente, malha- blad@, perfeccionista, hipócrita, ignorante, terc@, desaliñad@, maleducad@, fastidios@… ¡¡¡El etcétera puede ser kilométrico, créanme!!!

¿Cómo es entonces que caemos atrapados por una persona con las características antes mencionadas a un punto tan importante como el hecho de compartir nuestro proyecto de vida con ell@s? ¿Tan ciegos estamos?

Por principio de cuentas, si nos apegamos a los conceptos del psicoanálisis, está más que claro que hombres y mujeres cuando inician una relación (primero el noviazgo y después el matrimonio) tienen una percepción muy particular y subjetiva de la persona a la que han elegido. La realidad se ve filtrada por sus experiencias previas y al final del día cada individuo ve lo que quiere ver en su pareja. Habrá ocasiones en que esta percepción sea nítida y racional, pero en otras será falsa y distorsionada, pero no porque el otro lo esté engañando, sino porque uno mismo ha decidido ver en su novi@ o espos@ lo que ha querido. Punto.

Sin embargo, transcurrido un tiempo de convivencia estrecha, uno de los dos o incluso los dos descubren que su pareja no es tan perfecta como creían y que, al igual que el resto de los seres terrenales, almacena conductas que podrían hacernos explotar de forma impensada a grado tal que quisiéramos tomarles por el cuello y apretar hasta que dejen de respirar. Sí, a veces la frustración y la impotencia son tan grandes que una vez restaurada la calma nos sorprendemos de la capacidad que puede tener nuestra pareja de sacar lo peor de nosotros.

Pero vistas las cosas desde una perspectiva objetiva, es una decisión muy personal disfrutar de la vida o sufrirla, con todo y los desplantes de nuestr@ novi@ o espos@. Quizá en la mayoría

Las peores conductas de ellas: el top 10

Al ser éste un espacio Exclusivo para hombres (pero que también le interesa a las mujeres), nos dimos a la tarea de sondear entre los caballeros cuáles son las conductas femeninas más irritantes. Éstos son los resultados:

1. Que sean impuntuales

2. Que se sientan las sabelotodo

3. Que sean chismosas, criticonas y envidiosas

4. Que sean chantajistas y manipuladoras

5. Que no sepan reconocer y aceptar cuando se equivocan

6. Creerse que son la mamá y no la esposa/ novia

7. Que saturen las tarjetas de crédito

8. Que fumen y/o beban

9. Que sean poco solidarias

10. Llamen o mensajeen cada cinco minutos

Consultorio Sexual

Pregunta: amo a mi esposa, pero no por ello me ciego y creo que sólo tiene virtudes; también tiene sus defectos (muchos defectos) y el principal es que siente que lo sabe todo y eso me enerva. Es tal su empecina- miento que nos ha hecho pasar unos ridículos tremendos en fiestas y reuniones… ya son años así y yo ya estoy harto de eso.  Edmundo Montes (México, Distrito Federal).

Respuesta: definitivamente se trata de una situación muy complicada. Sin embargo, puedes recurrir al diálogo con ella y hacerle ver lo lo mal que queda frente a ti y frente a todos cuando se comporta de ese modo. Aconsejo que busquen ayuda profesional también.