Es una emoción que puede ayudarte a crecer y con la que puedes aprender
Aunque muchos creen que se debe evitar el miedo, sentirlo no es una falla de carácter ni una debilidad emocional que debes suprimir.
Hablemos del miedo. Le damos muchos nombres: ansiedad, estrés, procrastinación, evasión, timidez.
Generalmente hacemos lo indecible por evitarlo y si estamos sintiéndolo pensamos que algo anda mal con nosotros.
Pensamos que es una especie de debilidad emocional y nos regañamos por no ser más valientes.
“¡Te estás saboteando!”, “¡Elimina esos pensamientos negativos!”, “¡Mira a esa que se atreve!”, nos decimos.
Creemos que si fuéramos fuertes y balanceados no sentiríamos miedo.
Quiero invitarlos, sin embargo, a ver al miedo como un amigo. Un amigo cuya única intención es mantenernos a salvo. Un amigo con el cual debemos aprender a jugar y a escuchar. Algunas veces tiene razón, otras, no tanto.
Este amigo es como los colorantes de comida. Echas una gotita de azul o rojo y un galón de agua entero cambia de color. Nos paralizamos con sólo una gotita de miedo. A veces ni nos damos cuenta que está ahí, pero nos detiene.
El miedo no es una falla de carácter ni una debilidad emocional que debemos suprimir. Ocurre naturalmente cada vez que salimos de nuestra zona de confort.
Esta es la zona emocional donde nos sentimos completamente en control, donde podemos hacer lo que sea con los ojos cerrados. Pero, ¡qué sitio más aburrido!
Tenemos que salir de él para hacer cosas nuevas, hacer las cosas mejor o más grande; para darle chispa y significado a la vida. Y cuando lo hacemos, despertamos al miedo.
Es una señal de que estamos a punto de crecer. ¿Has estado frente a una acción que quieres tomar, tal vez pagar una cuenta atrasada o hacer unos ejercicios, pero en vez acabas viendo Facebook o fregando? Un poco de miedo te sacó fuera de curso.
Tomemos el caso de la cuenta atrasada y vamos a presumir que es de poca monta y tienes el dinero. Es posible que tengas miedo a perder autonomía, a perder tu independencia.
“¡No me puedes forzar a hacer esto; lo hago cuando me sea santo y bueno!”, grita el rebelde sin causa dentro de nosotros.
Tienes miedo de no ser el que está en control. Tal vez era una buena estrategia cuando, de niño, sentías que casi todo lo hacías porque te mandaban, pero ¿qué resultados te da ahora?
Tu zona de confort es el patrón de siempre, aunque te recrimines. Jugar fuera de ella sería ver qué pasa si cambias tu comportamiento. El miedo te dice si saliste de ella.
Hacer del miedo nuestro amigo es un proceso que toma tiempo, pero el primer paso es darnos cuenta de nuestros pensamientos y nuestro cuerpo, sin juzgar lo que está pasando.
La próxima vez que estés ante algo que quisieras hacer pero no haces, nota qué pensamientos surgen. ¿Qué te dices? No te regañes ni quieras arreglar nada, solo observa.
Siente también tu cuerpo. ¿Qué ocurre cuando estás a punto de salir de tu zona de confort? ¿Qué te dice? Escucha tu miedo, no le huyas ni pienses que hay algo que tienes que corregir. Te está diciendo algo importante. Tal vez te conviene hacerle caso. Tal vez no.
El autor es coach de vida. Más información en www.coachjoseluis.com o envía un mensaje a [email protected]
























