Detestable, es la primer palabra que acude a mi mente al encontrar en la televisión abierta mexicana cualquiera de esa gran cantidad de programas hipotéticamente de “variedad”, “entretenimiento” y chismes de la farándula que contaminan la pantalla. Acto seguido recuerdo el calificativo que se ha acuñado para describir a este tipo de programación: Telebasura.

Vayamos a la definición: “Telebasura es una forma de hacer televisión caracterizada por explotar el morbo, el sensacionalismo y el escándalo como estrategias de atracción de la audiencia. Se define por los asuntos que aborda, por los personajes que exhibe y, sobre todo, por el enfoque distorsionado al que recurre para tratar dichos asuntos y personajes”.

Es una forma de hacer televisión caracterizada por explotar la vulgaridad, el sensacionalismo y el escándalo como puntos de atracción de la audiencia. Por mero mercantilismo, eso es obvio, las televisoras buscan atraer al gran público, por eso, su programación busca ser “comprensible” para la mayoría, no se arriesgarían a perder televidentes con una programación más inteligente, y es por eso que recurren a las viejas recetas de enajenación con chistes bobos, información intrascendente y amarillismo.

En un país que no lee, como es el caso de México, la televisión adquiere el papel de formadora de la opinión publica, obviamente los medios defienden sus propios intereses, sus noticieros notoriamente no son todo lo objetivos que debieran ser. Y como lamentablemente una gran parte de la sociedad no tiene o no desea otro acceso a la información el resultado es deplorable. Una sociedad de analfabetas funcionales.

Los promotores de la telebasura saben del bajo nivel cultural de la teleaudiencia, de su escaso nivel de crítica, de su pobre nivel educativo y su gran credulidad, y, en su búsqueda de un “mínimo común denominador” capaz de aglutinar grandes masas de espectadores ante la pantalla chica utilizan cualquier tema de interés humano, político o social como mera excusa para desplegar lo que consideran elementos básicos de atracción de la audiencia: sexo, violencia, sensiblería, humor grueso, superstición.

La “telebasura” la encontramos no solamente en los llamados talk shows, sino también en los programas que hurgan en la basura de las vidas de protagonistas del espectáculo, de la política y de la llamada “prensa del espectáculo” que básicamente son chismes y vacuidades de personajes de la farándula. Los escándalos, sus corrupciones, en fin, todo lo que mueva a escándalo y que destaque por su inmoralidad; sus desviaciones, su drogadicción, sus crímenes, son llevados a la televisión y la empresa televisiva que presente mayores excesos y humillaciones en la pantalla es la que obtiene mayor rating.

Concretando: La telebasura es un reflejo de la decadencia social, es producto de un sistema mediático sustentado en la vulgaridad y la ganancia a cualquier costo.

En un análisis razonado las televisoras no salen bien libradas. Evidentemente juzgan como buena la idea promover la ignorancia, la pseudociencia, la superstición y el miedo a lo que desconocemos Retratan en sus medios un universo que no existe. En lugar del universo físico y tangible en el que vivimos nos venden uno lleno de visitas alienígenas, de fantasmas, de astrología, de cartas de tarot, de adivinaciones imposibles, de engaños, de mentiras, de pseudomedicina; en suma, un universo destinado a incultos.

La “telebasura” únicamente conduce a la mediocridad, la ignorancia y a la degradación cultural, y francamente no tenemos ninguna necesidad de empeorar nuestra ya de por sí depauperada cultura.