Las guerras han representado para la humanidad eventos de dolor, dada su violencia extrema, independientemente de las razones de su origen. Tres son las conflagraciones más representativas ya traducidas en cifras: la Primera Guerra Mundial con 37 millones 509 mil bajas; la Segunda Guerra Mundial con 55 millones 100 mil fallecimientos; y la Guerra de Vietnam, con 3 millones 120 mil muertes. Esas guerras además propiciaron millones de desplazados y desórdenes mentales en muchos de sus soldados.

También destacan la Guerra Civil Siria, con más de 39 mil bajas, de las cuales 27 mil son civiles y el conflicto Palestino-Israelí el cual es difícil de determinar en cifras pues su análisis tiene tanto una perspectiva histórica como una perspectiva regional, por atraer el interés de la mayor parte de los países del Oriente Próximo.

En 1917 en Londres se publicó la declaración Balfour en la cual Gran Bretaña se comprometió a favorecer la creación de un Hogar Nacional Judío en Palestina; las poblaciones eran de 600 mil palestinos frente a 56 mil judíos. En 1920 recibió un mandato sobre Palestina para otorgarle Independencia a ésta y propiciar la creación del Hogar Nacional Judío, potenciándose los choques entre dos nacionalismos y dos sistemas sociales instalados en el mismo territorio.

Hechos como la matanza de judíos de 1929, la amplia migración judía a Palestina 1932-35 y la insurrección Árabe de 1936, impusieron a los británicos y al mundo una dinámica geopolítica en toda la zona. Destaca 1937 la fortaleza de Yishuv, quien trazó el esquema de una sociedad moderna técnicamente avanzada receptora de subsidios financieros de los judíos del exterior.

En ese desarrollo han surgido los nombres de Ben Gurión, Menahem Begin, Moshe Dayan, Yasser Arafat, hasta desencadenarse la cuarta Guerra Árabe-Israelí de 1973. Sin duda la búsqueda, sin asumir posición en el conflicto, ha sido el deseo de justicia y paz para todos los pueblos de la región, lo cual les permitan una mejor calidad de vida y tranquilidad espiritual no alcanzada hasta nuestros días.

Así supimos del asesinato de Isaac Rabin por un fanático judío, y hemos visto aflorar a Shimon Peres. He podido conversar con amplitud con Ishie Gitlin, figura de peso moral tanto en la Comunidad Judía Mexicana como en la Internacional y platicar prolijamente con mi querido amigo de origen palestino Elías Zabaneh; como otros, ambos han apostado a la justicia y la pacificación de la región.

Sobre el tema Silvia Cherem presentó su libro “Israel a Cuatro Voces”, el cual contiene cuatro conversaciones de destacados hombres de letras israelíes, quiénes reconocen los derechos tanto de los palestinos como de los israelíes, descalificando a los impulsores de la violencia, a propios y extraños en la región. La agudeza y oficio de Silvia como entrevistadora posibilita la obtención de respuestas llanas y ricas en verdades.

Estremece su conversación con David Grossman, quién perdió a un hijo, Urí, un día antes del restablecimiento de la paz ante una reciente conflagración. Al percibir el anuncio de la pérdida de su hijo escribió “Ya está. Nuestra vida se acabó”; “ Nosotros, nuestra familia, ya perdimos esta guerra” y tras 7 días de duelo él elegir vivir.

El dolor de las guerras por más lejanas que las percibamos no es ajeno a toda la humanidad, pues son una llamada de atención para ubicar nuestras emociones y observar por encima de las cifras, la consciencia del ser humano.