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Los estadounidenses, desde su reelecto presidente Barack Obama –próximo a asumir, el domingo 20 de este mes, su segundo mandato-, hasta el más radical de los llamados “minuteman” de Arizona a quienes se ha concesionado el derecho a matar inmigrantes con tal de frenar la irrupción de los considerados “ilegales” y con ello extender la clandestinidad de los mismos para forzar a que cobren menos por labrar las ricas tierras sureñas de la Unión Americana, son sabios en el supremo arte de la simulación, una de las redituables teorías políticas en uso también en nuestro país desde hace ya varias décadas –digamos desde la irrupción de la tecnocracia-, con miras a modificar el trasfondo de las conflictivas serias con medidas contrarias a la lógica elemental. Esto es como si hubiera suficiente mercado de ingenuos –acaso lo hay- para tragarse completas las mentiras gordas.


Tras la tragedia de Newtown, en Connecticut, donde niños y maestras sucumbieron ante los disparos de un joven desquiciado por la multiplicación de los juegos cibernéticos de guerra –mucho ojo en ello, señores padres de familia-, las autoridades de Arizona plantean dar continuidad a la llamada “solución Utah”, la entidad vecina hacia el norte, lo mismo que las de Kansas, ocupándose de armar a los maestros ante la eventualidad de posibles ataques de enajenados con capacidad para adquirir armas de alto poder y hacer de las suyas, en vivo y no a través del mundo virtual, condenando a muerte a cuantos puedan atravesarse por su camino en la inoportuna hora de su deleite personal; esto es en cualquier momento y a cualquier hora.

La alternativa da la medida exacta de quienes gobiernan a la mayor potencia bélica de todos los tiempos y una de las de mayor calado financiero en el mundo. Con sagacidad inobjetable plantean armar a la ciudadanía en lugar de evitar la compraventa de pistolas, rifles y metralletas, al alcance de cualquier bolsillo –incluso, como en todo, hay ofertas periódicas y líneas de crédito para los vecinos-, en las cincuenta y cuatro mil tiendas especializadas a lo largo del país norteño, el diez por ciento de ellas asentadas en la frontera con México, esto es una por cada dos kilómetros, como invitación malsana a los grupos delincuenciales que asolan a México y requieren, cada día, superar su poder de fuego para mantener a raya a las corporaciones policíacas y castrenses dentro del territorio mexicano.

Una genial hipocresía, diríamos, sólo equiparable al vano justificante para invadir Irak en 2003 en busca de armas químicas y nucleares jamás halladas. Y, pese a ello, ninguna indagatoria se realizó para responsabilizar de la enorme tragedia propiciada al triunvirato formado por el estadounidense George Bush junior, el inglés Tony Blair y el español José María Aznar, los grandes promotores del evento sanguinario. Al final de cuentas, sendos personajes fueron exhibidos, políticamente pero sin persecución judicial alguna, entre las mentes más perversas e irresponsables de la era contemporánea, en los albores del tercer milenio. Y así hasta ahora cuando tales elementos buscan vindicarse basándose en la amnesia colectiva y la consiguiente manipulación de los hechos; les basta con un “creímos” para sacudirse las conciencias como si las vidas humanas valieran bastante menos que los cálculos erróneos emitidos por la oficina oval en Washington. Tal es la verdadera tragedia del género humano en la era de la globalización.

El absurdo llega, en ocasiones, a niveles jamás alcanzados por lo que debemos estar dispuestos a adaptar siempre nuestra capacidad de asombro. Ya hemos dicho que los más de cien mil muertos –las cifras son imprecisas pero coinciden a partir de este punto-, generados por la llamada “guerra de calderón” –minúsculas-, durante el sexenio de la violencia –no de la infraestructura porque las obras realizadas favorecieron a los cárteles más que a ningún otro grupo “social”-, no fueron suficientes para disminuir, en un solo gramo, las “exportaciones” de drogas hacia los Estados Unidos desde el triángulo formado por Colombia, Guatemala y México. Falso que el abatimiento de los cárteles de Medellín y Cali se tradujeran en una menor producción de cocaína pues ésta sigue en auge y mantiene buena parte de la economía de aquel país cuyo flagelo, el de las Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia (FARC), se nutre precisamente gracias a la protección de cultivos y laboratorios ilegales.

Por ello, en caso de hacerse efectivo el cese al fuego en Colombia, precisamente el 20 de enero en coincidencia con el inicio delo segundo mandato de Obama –no hay casualidades sino estrategias y mensajes crípticos-, habríamos de preguntar si tal conlleva un acuerdo para estabilizar las finanzas extraordinarias provenientes de los grandes mercados de la droga, actualmente bajo la batuta de los cárteles mexicanos unidos a las mafias rusa y china en donde subsisten algunos de los “muertos vivientes” más conocidos entre los capos de nuestro país: Amado Carrillo Fuentes, Ignacio “Nacho” Coronel Villarreal y Heriberto Lazca “El Lazca”, los dos últimos bajo el camuflaje de la deplorable administración calderonista y con Genaro García Luna como el rey de las cortinas de humo y de los grandes montajes con repercusiones internacionales; ¡Ah! Y sin olvidar los costosos e inútiles búnkers al servicio de una logísitica apenas en desarrollo y con muy escaso personal humano. Tal fue la gran herencia de los gobiernos de la derecha en materia de seguridad pública.

No por otra cosa, naturalmente, algunos de los ex mandatarios mexicanos con mayores cargas y cargos de conciencia, digamos Ernesto Zedillo y su alma gemela, el señor calderón –minúscula-, corrieron hacia Harvard y Washington apenas finiquitaron sus respectivas responsabilidades en la residencia oficial. Esto es: las universidades anglosajonas, con altísimos presupuestos, se encargan de dar cobijo a los personajes que debieran rendir cuentas en sus respectivos países antes de amenizar, con cuentos y cuentas ficticias, a los ricos y becarios del primer mundo. Pero no: reciben estipendios escandalosos, no sólo por los cursos que dan sino, sobre todo, gracias a las igualas concedidas por grandes multinacionales a las que sirvieron durante sus gestiones cerrando los círculos de los escándalos con grandes cerrojos en el renglón del lavado de dinero.

Por ejemplo, de acuerdo a la Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito, las ganancias que se obtienen en Estados Unidos gracias a estas lavanderías exitosas de dineros sucios asciende a 196 mil cien millones de dólares y en México son del orden de 59 mil 500 millones de verdes divisas. Sin duda, el emporio más próspero del planeta, con mayores dividendos a los de las telecomunicaciones que han colocado al mexicano Carlos Slim Helú a la cabeza de las grandes fortunas planetarias. Con todo y ello, se insiste en que México siga aportando sangre a cambio de una absoluta impunidad para capos y ex mandatarios en los Estados Unidos; basta con cruzar la frontera para entrar al verdadero gran paraíso de la humanidad en donde, por si fuera poco, ya se enseña a las maestras de primaria el uso de las armas de fuego. ¿Una nueva edad de las cavernas? Cuando menos algo bastante parecido.

Debate

No es, por tanto, casualidad alguna que los mejores refugios para los mayores capos y delincuentes de altos vuelos se encuentren… en los Estados Unidos, al igual que nuestras reservas en oro abovedadas en Arizona y Manhattan. Por allí pasan los “muertos vivientes” –Carrillo Fuentes, Coronel Villarreal y “El Lazca”, entre otros-, cerrados sus expedientes criminales en la Procuraduría General de la República como la más cómoda de las maneras para distanciarse de los mismos y poner fin a las persecuciones con saldos de muchos muertos en el frente oficial. Por cierto, ¿y hay quien saque la cara por los soldados acribillados que dejan a sus familias en la miseria, con escasa ayuda oficial? La promesa de auxiliarlas viene desde muy atrás –la escuché en voz del extinto Miguel de la Madrid-, sin que haya sido cumplimentada. Y esto, desde luego, no es noticia para los medios masivos comprometidos hasta el cuello con las instancias oficiales.

Por supuesto, sería un enorme reto para la administración de Enrique Peña Nieto poner los puntos sobre las íes al respecto y, así como logró las convergencias necesarias para la firma del Pacto por México, cabildear lo necesario para un “Acuerdo de Paz” con la mayor potencia de nuestra era y de todos los tiempos. ¿El fin? Cuando menos dar seguimiento a los cargamentos de drogas que parecen espectrales una vez que cruzan la frontera norte hasta llegar a los consumidores a través del extenso territorio estadounidense. Si éste es el mercado, ¿no deberían actuar allí las autoridades en vez de buscar detonantes sobre las carreteras mexicanas por cuyos retenes no pasan las drogas?¿Ignoran en el Pentágono, acaso, que desde las aduanas fronterizas, del lado norteamericano, salen las instrucciones para que los transportistas del mal pasen sin problemas a determinadas horas y por las casetas indicadas por quienes forman parte de la red inalterable? Y eso sin medir cuanto se lleva por mar y aire, de acuerdo a las modas y a las circunstancias.

Recuerdo, al respecto, lo que me confió el general Rafael Macedo de la Concha, cuando estaba recién estrenado en la titularidad de la PGR al arranque de la administración foxista:

–Cada determinado tiempo, los “capos” modifican las rutas y los transportes; por eso es tan complejo seguirles el rastro.

Y, pasados los años, seguimos en el mismo punto.

La Anécdota

Tampoco es una casualidad que los Fox, ella y él naturalmente, hayan fincado en el rancho “La Estancia”, para erigir su templo faraónico que tanto demanda apoyos oficiales, razón de peso para proponerse como estimuladores de la campaña peñista. En ese mismo sitio, por ejemplo, se encontró al final de la década de los noventa –esto es cuando Vicente cumplimentaba el arranque de su peculiar precampaña por la Primera Magistratura-, el mayor laboratorio para refinar cocaína sobre territorio nacional; esto es, en coincidencia con el supuesto abatimiento de los cárteles de Cali y Medellín, en Colombia. Precisamente por ello un corresponsal extranjero metió en problemas a Ernesto Zedillo, cuando comenzaba su sexenio, cuando le equiparó con el mandatario colombiano Ernesto Samper Pizano quien ganó la presidencia de su país, ejerciéndola enntre 1994 y 1998, gracias al dinero sucio sin que jamás pudiera aclarar las denuncias en su contra; menos mal que no pudo reelegirse.

Pues bien, el rancho de marras, situado en la comunidad de Nuevo Jesús del Monte, municipio de San Francisco del Rincón –más bien de “Las Poquianchis”, quienes lo hicieron célebre desde hace ya sesenta años-, tiene un origen contaminante y fue objeto de una compraventa, cuando menos, extraña… a favor de la familia Fox en pleno uso del poder presidencial.